miércoles, 2 de mayo de 2018

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¿Hasta que edad se puede aprender un idioma y hablarlo con fluidez?

¿Existe una edad límite crítica para aprender un idioma con fluidez?
Según una nueva investigación, la respuesta es sí. Si quieres tener un conocimiento como un nativo de la gramática inglesa, por ejemplo, lo ideal es que comiences antes de los 10 años.

Las personas continúan siendo aprendices altamente calificados hasta los 17 o 18 años, cuando la habilidad disminuye.

Estos hallazgos fueron publicados en la revista Cognition y surgen de una prueba de gramática en internet en la que participaron casi 670.000 personas de diferentes edades y nacionalidades.

¿De qué se trata?

El cuestionario de gramá
tica se compartió en Facebook para lograr una mayor participación de personas.

Entre las preguntas que los participantes respondieron está si pueden determinar si la siguiente oración es gramaticalmente correcta o no: "Yesterday John wanted to won the race". Lo que en español se podría traducir por algo así como "Ayer, John quería ganó (sic) la carrera".

Para ser gramaticalmente correcta, debería ser: "Yesterday John wanted to win the race". Es decir: "Ayer, John quería ganar la carrera".

A los usuarios se les consultó la edad, cuánto tiempo invirtieron en aprender inglés y en qué contexto, por ejemplo, si se mudaron a un país de habla inglesa.

Alrededor de 246.000 de las personas que hicieron la prueba dijeron que crecieron hablando solo inglés, mientras que el resto era bilingüe o multilingüe.

Los idiomas nativos más comunes (excluyendo el inglés) fueron finlandés, turco, alemán, ruso y húngaro.

La mayoría de las personas que completaron el cuestionario tenían entre 20 y 30 años. El más joven tenía aproximadamente 10 años y el mayor más de 70.

Cuando los investigadores analizaron los datos utilizando un programa informático, la mejor explicación para los hallazgos fue que el aprendizaje de la gramática fue más intenso en la infancia, continuó en la adolescencia y luego cayó en la edad adulta.

¿Cuestión de edad?
Frecuentemente se dice que aprender un idioma es fácil para los niños y se torna más difícil a medida que envejecemos.

Pero los estudiantes adultos pueden llegar a ser profesionales del idioma y hasta mostrar fluidez, dicen los investigadores.

No está claro qué es lo que causa la caída en la tasa de aprendizaje óptimo alrededor de los 18 años.

Los investigadores sugieren que podría ser porque el cerebro se vuelve menos adaptable en la edad adulta y se resiste a los cambios.
El coautor del estudio Josh Tenenbaum, profesor de ciencias cerebrales y cognitivas en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, Estados Unidos), opina: "Es posible que haya un cambio biológico. También que sea algo social o cultural".

"En muchas sociedades se es menor de edad hasta los 17 o 18 años. Después de eso, una persona abandona la casa, quizás trabaja a tiempo completo o se convierte en un estudiante universitario especializado. Todo esto puede causar un impacto en el aprendizaje para cualquier idioma".

Eso no significa que aprender otro idioma en la adultez es inútil.

Aprender otra lengua es bueno para el cerebro e incluso puede retrasar la aparición de demencia, según varios estudios.

Para la profesora Marilyn Vihman, del departamento de lengua y ciencia lingüística de la Universidad de York, "la idea de que no se puede alcanzar la capacidad nativa de un idioma si no se comienza temprano es cuestionable".

"Tales casos son raros, pero ocurren y están documentados. Hay casos de personas que en sus 20 años aprenden un nuevo idioma y pueden pasar como espías", dice.

"No creo que haya una edad crítica como tal, solo una meseta que se establece después de la adolescencia para la mayoría pero no para todos", asegura.

La doctora Danijela Trenkic, también de la Universidad de York, señala que el estudio trata solamente de un aspecto del lenguaje: la gramática.

"Puedes ser un excelente comunicador, incluso si no suenas como un hablante nativo o no construyes todas tus oraciones gramaticalmente correctas", concluye.




Un virus común y muy conocido podría reducir la inteligencia de toda la humanidad

Científicos de la Universidad Carolina, en Praga, sostienen que un virus común de la familia Herpesviridae denominado cytomegalovirus puede disminuir la inteligencia humana, según se desprende del su estudio, publicado en la revista científica Scientific Reports.


Los especialistas checos estudiaron el cociente intelectual (CI) de 148 estudiantes afectados por el virus y de 135 sanos, y luego compararon los resultados. Para identificar a los infectados, tomaron muestras de sangre y examinaron la cantidad de anticuerpos en sus organismos. En el experimento también incluyeron a personas llamadas falsas negativas, que tienen un nivel mínimo de los anticuerpos debido a la presencia de una infección crónica que con el tiempo afectó a un número de anticuerpos, de manera que estas personas parecen sanos.

Los resultados de la investigación revelaron que la personas infectadas, incluidas las falsas negativas, tienen de promedio un nivel de la inteligencia inferior que los que no tienen este virus.

Según los datos del estudio, este virus lo tiene al menos el 45% de la población mundial. Para las personas con un sistema inmunológico normal este virus tiene un carácter latente y no muestra síntomas visibles, si bien puede causar complicaciones para la gente inmunodeprimida.



El líquido rojo que sale de la carne cruda no es sangre

Es normal que la carne cruda suelte un líquido rojo, y aunque prácticamente todo el mundo piensa que es sangre, en realidad no es así. Este líquido se produce debido a una reacción química que sucede al congelar la carne roja.


El líquido rojo que vemos en empaques de carne cruda en el supermercado y cuando descongelamos la carne que tenemos en el refrigerador es, en realidad, agua mezclada con una proteína llamada mioglobina.

Esta proteína, cuya estructura es bastante similar a la de la hemoglobina, está presente en el músculo de la vaca y su función es almacenar oxígeno. Al congelar la carne el agua que la compone se convierte en cristales de hielo que rompen las células musculares, lo que libera mioglobonia. Al descongelarla la proteína se mezcla con el agua, y dado que esta contiene hierro, resulta en un líquido con un color bastante similar a la sangre.

Si fuera sangre, otras carnes (como la del pollo) también soltarían ese líquido rojo, pero no lo hacen. Así que tranquilo, cuando pidas al mesero que le diga al chef que cocine tu carne al término medio, ese líquido rojo que verás brotar de tu filete no es sangre. Y recuerda, aunque veas mucho de ese líquido rojo nunca debes lavar la carne o el pollo antes de cocinarlo. 



Trucos que tu cerebro usa para engañarte...(y caes en ellos todos los días)

El cerebro humano es posiblemente la obra de ingeniera imperfecta más impresionante que exista. Está tan bien construido, que es capaz de hacernos pensar a cada ser humano de una manera totalmente diferente, arbitraria, y en la mayoría de ocasiones, errónea, y que todos pensemos que tenemos razón.

Y es que cuando se trata de entender la realidad, a veces la mente humana encuentra una serie de extraños (y erróneos) caminos. En lugar de ser un instrumento de la razón, el cerebro humano es ante todo una herramienta adaptada para la eficiencia y la supervivencia de cada uno.

Esto a veces significa procesar la información de una manera racional un tanto fría, aunque a menudo significa distorsionar los hechos para preservar la marca particular de la realidad. Como resultado de ello, nuestras mentes están sujetas a una gran cantidad de “errores” a los que la psicología moderna se refiere como sesgos cognitivos.

Estos son los más comunes, aunque supongo que muchos no los tienen… porque tendrán unos mejores.

Seguro que es así, porque casualmente es lo que creo
O el denominado como sesgo de confirmación. Si hubiera una lista top de sesgos, este sería sin duda el primero de todos. El sesgo de confirmación es uno de los agujeros más grandes en nuestra ropa interior cognitiva. El pensamiento humano está fundamentalmente predispuesto a buscar pruebas que confirmen una creencia preexistente mientras se ignora la evidencia que la contradice.

Es tan alucinante este sesgo, que aunque nueve de cada diez ejemplos puedan mostrar que el champú no causa la calvicie, con que una persona crea lo contrario esta tendrá la extraordinaria habilidad de acudir al décimo ejemplo como valor seguro y olvidarse del resto, o simplemente nunca se pondrá en una posición en la que podría encontrar ejemplos contradictorios.

Por tanto, incluso una creencia a la que se llegó por razones triviales e ilógicas es extraordinariamente difícil de disipar. Y pasa cada día a todas horas.

Cuando te das cuenta que los incompetentes se creen más especiales
No falla, un clásico conocido como efecto Dunning-Kruger o “por encima de la media”. Este describe el fenómeno donde los individuos se califican a sí mismos como “por encima del promedio” en casi cualquier habilidad en la que tengan interés (y que normalmente no se ajusta a la realidad).

Observando que parecía un poco descabellado que todo el mundo pudiera estar por encima de la media, los investigadores analizaron las razones y llegaron a una conclusión preocupante: cuanto más incompetente es una persona en una tarea, más hábil tiende a pensar que es.

La razón para esto parece ser bastante simple. Alguien que es pésimo en una habilidad en particular no solo no tiene la capacidad de realizar esa habilidad, sino también la capacidad de evaluar con precisión el rendimiento de sí mismo o de cualquier otra persona. Sin una sólida retroalimentación externa, la mayoría de la gente supone que lo está haciendo bien.

Quizás aún más angustioso que todo eso, los tipos que realmente son los mejores en una tarea tienden a subestimar su desempeño en comparación con los demás, asumiendo erróneamente que sus compañeros son mucho más hábiles de lo que realmente son.

Juntos, estos dos efectos pueden hacer que la autoevaluación sea una métrica prácticamente inútil.

Yo sé lo que piensas porque pienso que sé lo que piensasEn este caso toca hablar del falso efecto de consenso, la tendencia de los individuos a suponer que los demás piensan y actúan de la misma manera que ellos. Se aplica a cosas tales como opiniones, patrones de pensamiento, actitudes y comportamientos.

Esencialmente, el consenso falso es una expresión de la incapacidad completa de la persona promedio para comprender los procesos de pensamiento de otra persona. Para que nos hagamos una idea del poder tan absurdo de este efecto, es tan poderoso que los sujetos a los que se les pide que imaginen a alguien con una actitud u opinión diferente a menudo se imaginan a la otra persona como mentalmente deficiente o engañada.

Este sesgo limita severamente la capacidad de los humanos para comprender o predecir el comportamiento de los demás.

La culpa nunca es mía, es del resto
No puede ser de otra forma, le toca el turno al sesgo egoísta, la tendencia de las personas a atribuir sus éxitos a sus propias habilidades y rasgos de personalidad, mientras que culpan a sus fallos de los factores externos.

Mientras tanto, el error de atribución fundamental hace que las personas culpen a los errores de otros en las personalidades de esos individuos. Por tanto, cuando alguien llega tarde al trabajo, tiende a culpar al tráfico, a la alarma o al equinoccio de primavera.

Por cierto, la situación se revierte repentinamente cuando es el compañero de trabajo el que llega tarde.

A partir del próximo año empiezo el gimnasio
El último de los sesgos trata algo que nos ocurre muy a menudo. Lo cierto es que durante mucho tiempo se ha observado que los humanos generalmente favorecemos las acciones a corto plazo sobre los beneficios a largo plazo. A medida que las cosas se vuelven más peligrosas cuanto más miramos hacia el futuro, nuestros cerebros reducen la importancia de ese futuro incierto en nuestra toma de decisiones.

Este sesgo se llama descuento hiperbólico, y es la razón por la cual muchas personas asumen compromisos futuros lejanos que nunca aceptarían si requerían una acción inmediata. ¿Por qué los compradores se sacan préstamos imprudentes para hacer compras de forma inmediata en lugar de ahorrar su dinero? ¿O por qué un gran número de los pacientes de corazón ignoran los consejos de sus médicos para hacer cambios en el estilo de vida, incluso cuando sus vidas están en juego?

Este exceso es muy sencillo de explicar cuando pensamos en aquellos excesos que realizamos, y que sabiendo que son malos para el organismo, nos ponemos una meta para dejarlo a largo plazo.