domingo, 22 de abril de 2018

Buenas ideas para una mejor pesadilla: Caballos con boca de perro



 



Humor ilegal







Siempre interesantes: magníficas imágenes de la historia

Una mujer árabe con una máscara tradicional en Muscat, Omán en 1905.

Una bombera de sexo femenino en Londres, Inglaterra en 1926.

Un restaurante en California, EE. UU. En 1920.

Una mujer muestra un bastón que también es un frasco en Chicago, EE. UU. En 1922 durante la ley seca.

Una mujer muestra lo fuerte que es en Alemania en 1920.

Una maestra vestida con un disfraz de fantasma para Halloween en los Estados Unidos en 1905.

Julio Iglesias, Che Guevara y Banksy jugaron al fútbol profesional (en el arco)

Si bien es cierto que sus actuaciones no suelen ser tan laureadas como las de los delanteros, el papel de los porteros de fútbol resulta crucial para cualquier equipo.

 Y aunque sean mayoría los niños y niñas que sueñan con emular a sus ídolos delanteros festejando un gol, lo cierto es que también son muchos los que sueñan con atajar disparos bajo los palos. De hecho, de no haberse truncado, un literato como Albert Camus, un artista conocido internacionalmente como Bansky y, por supuesto, un cantante de la talla de Julio Iglesias, podrían haberse ganado la vida como cancerberos.

¿Imaginas que Julio Iglesias hubiera conquistado los corazones de las chicas de medio mundo vestido con la equipación del Real Madrid? Este icono de la música española, además de ostentar dos récords Guinness y de estar licenciado en Derecho, llegó a debutar en el primer equipo del Real Madrid en 1962. Después de cuatro años y medio como canterano, dio el salto a la élite del fútbol con solo 19 años. Un guardameta seguro por arriba, pero también ágil y extremadamente rápido a la hora de atajar los balones rasos.

No obstante, su carrera se truncó un día antes de cumplir los 20 años de edad. Fue entonces cuando, volviendo de una noche de diversión con los amigos, se vio implicado en un accidente de tráfico. Esto provocó que quedase casi paralítico durante un año y medio, lo que le apartó por completo de los terrenos de juego y le permitió conocer el mundo de la música, gracias a la guitarra que le regaló un enfermero que cuidaba de él.

Y este no es el único caso de un músico español que dejó a un lado la portería para subirse a los escenarios y que, además, perteneció a la disciplina del Real Madrid. Aunque sin llegar a ser el artista latino que más discos ha vendido en la historia, récord que ostenta Julio Iglesias, Jesús María Hernández Gil -más conocido por sus seguidores como Txus di Fellatio – también llegó lejos en su carrera futbolística jugando en la posición de portero.

El que más tarde acabaría por convertirse en el batería del grupo Mägo de Oz, conocido por su seguidores como ‘el Príncipe de la dulce pena’, jugó durante 8 años al fútbol sala a un alto nivel hasta el punto de que llegó a pertenecer a la sección del Real Madrid. El equipo merengue contó con esta disciplina desde 1963, aprovechando el pabellón que había en la ciudad deportiva que inauguraron entonces, hasta 1983, cuando se produjo la reestructuración de las distintas secciones y esta desapareció.

Mientras iba a entrenar y se preparaba para los partidos del fin de semana, Txus se reunía con su amigo Juanma, conocido del barrio, para formar la banda Transilvania666 que más tarde acabaría por convertirse en Mägo de Oz. Lo cierto es que el bueno de Txus cambió los guantes por las baquetas y no le fue nada mal.


¿Quién hubiera pintado los muros?

Otro personaje de la escena pública, al que conocemos por sus graffitis en los muros de todo el mundo, también se dedicó en su momento a atajar balones bajo los tres palos de una portería de fútbol. Si bien es cierto que poco se sabe de Banksy, el artista callejero más laureado del arte contemporáneo, sí que han trascendido tres datos: que nació en Bristol, que lo hizo en 1975 y que jugó de portero en su juventud. Aunque siempre ha preferido mantener su anonimato e ir por aquí y por allá regalando sus obras, sí que se sabe que jugó como guardameta en el equipo de Easton Cowboys and Cowgirls de su ciudad de nacimiento.

El tiempo en que nadie quería ser famoso

Mary Pickford
Hubo un tiempo en el que no todos queríamos aspirar a ser youtubers. Donde no pensábamos en la fama. Ni queríamos que los demás nos reconocieran por la calle y nos pidieran autógrafos.

El 14 de junio de 1916, la actriz Mary Pickford firmó el primer contrato cinematográfico de la historia por un millón de dólares. Aquel acontecimiento provocó entonces un cambio de paradigma: por primera vez, las ganancias potenciales de una estrella quedaron desvinculadas de los esfuerzos que probablemente tenía que realizar.

Antes de eso, la fama no existía entre los actores de cine, tal y como escribe el escritor y cineasta Richard Schickel en Intimate Strangers: The Culture of celebrity in America. Quizá, hilando fino, seis años antes también hubo un cambio cuando el productor de la actriz Florence Lawrence filtró la noticia de que esta había muerto en un accidente de tranvía para, a continuación, desmentir la noticia y organizar una aparición pública por todo lo alto de la actriz.

Tras forjarse la idea de «personalidad», surgió el concepto de “estrella”. Antes de eso, las estrellas mediáticas no interesaban más allá del hecho de que aparecían en películas.

El nacimiento de la prensa rosa
El origen de la prensa rosa se encuentra en la antigua sección periodística denominada crónica de sociedad, crónica de salones o ecos de sociedad, pero la primera publicación semanal dedicada estrictamente a la crónica social en Estados Unidos fue la Broadway Brevities and Society Gossip, lanzada en Nueva York en 1916, casi a la vez que Pickford firmaba su contrato millonario. En la década de 1920, aparecería otro de los grandes referentes del género, la revista National Enquirer.


En esos años, también tuvo lugar otro gran escándalo asociado a un actor, otro referente del star system de Hollywood por sus excesos: Fatty Arbuckle. Este cómico pasado de peso aparentemente bonachón había asesinado a la actriz Virginia Rappé. Fatty celebraba una fiesta en la planta 12 del glamuroso Westin St Francis de San Francisco y, tras ingerir alcohol y drogas en cantidades industriales en plena Ley Seca, había encerrado a Virginia en un dormitorio, donde la violó brutalmente hasta acabar con su vida.

¿Comerías carne humana?

¿Cuál es el límite de lo humanamente tolerable? La respuesta es «no lo sabemos». De hecho, existe una maldición que dice «que Dios te dé todo lo que eres capaz de soportar», haciéndonos ver que la imaginación no permite atisbar los límites de nuestra adaptación al horror.

Hay quien, a las puertas del ese infinito agujero negro que nos muestra la entrada al espanto, reacciona con ironía. Así lo hizo Jonathan Swift en 1729, cuando escribió su ensayo satírico Una modesta proposición, en el que planteaba como solución a la hambruna irlandesa de la época el comer carne de niño pobre. O los hermanos Grimm, cuando en 1812 escribieron el cuento de Hänsel y Gretel, donde la bruja engordaba a los dos hermanos para que le sirvieran de alimento.

Todo ello es pura ficción. Como pura ficción eran los casos de canibalismo que relata la Biblia. Por ejemplo, el castigo a los israelitas por desobedecer a Dios, que debían comer la carne de sus propios hijos (Levítico). Incluso mucho antes, en la mitología griega, la manía de Cronos de devorar a todos sus descendientes hasta que su esposa Rea, lógicamente, tomó partido por la camada.

Pero lo cierto es que la práctica del canibalismo lleva instaurada en nuestra especie desde hace 800.000 años, cuando el Homo Antecessor decidió que la carne de sus congéneres resultaba menos complicada de conseguir que la de un mamut cabreado. Luego, para justificarlo (nos pasamos la vida justificando nuestras atrocidades) se establecieron toda clase de ritos en los que se decía que al comerte a un enemigo la fuerza de su espíritu reforzaba el tuyo. Un argumento que difícilmente serviría hoy para vender hamburguesas.

Después, durante mucho tiempo, optamos por negar tales atrocidades hasta que el famoso accidente aéreo de los Andes en 1972 nos devolvió a esta realidad: cuando el hambre aprieta no hay semejante que esté a salvo.

Pero lo más increíble de aquella tragedia fue el cinismo o la ignorancia con que se trató el tema, pues el canibalismo jamás desapareció de nuestra sociedad. Se practicó durante la primera guerra mundial y se volvió a practicar durante la segunda, entre otros lugares durante el sitio de Leningrado.

Pero especialmente horrorosa, masiva y desconocida fue la tragedia que devastó el interior ruso entre 1921 y 1922. Conocida como la hambruna de Povolzhye, dejó millones de muertos, lo que obligó a muchos campesinos, como cuenta Ivan Legchilin, a preparar la carne humana en salchichas para hacer el tema algo más soportable.

La humanidad no ha abandonado jamás el canibalismo. Lo ocultamos de forma vergonzosa hasta que la siguiente tragedia de dimensiones apocalípticas lo hace reaparecer. Mientras tanto, nos limitamos a horrorizarnos ante algunas escenas de ficción, como cuando el Dr. Hannibal Lecter se prepara unos riñones en El silencio de los corderos, calificando la película como una obra de arte. Y con ello, sin darnos cuenta, hacemos buenos los versos de Rilke en las Elegías de Duino:
Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos.




Por qué algunas personas pueden escuchar Gifs mudos

Dos científicos de la Universidad de Londres han explicado por qué algunas personas escuchan sonidos cuando ven gifs mudos como el de tres torres de alta tensión que saltan.


En muy poco tiempo y gracias al éxito de las redes sociales, los gifs se han incorporado a la comunicación cotidiana. Estas pequeñas piezas de vídeo que se reproducen en bucle sirven tanto para hacer un chiste como para responder gráficamente a la opinión de otra persona.

Habitualmente, los gifs acostumbran a ser mudos, sin embargo, muchos usuarios han afirmado «escuchar» sonidos cuando los ven. De hecho, según un artículo publicado en la revista New Scientist, hasta una quinta parte de los usuarios que ven gifs mudos dicen que pueden oír el sonido que producen.

Este fenómeno ha sido denominado vEAR (siglas en inglés de Respuesta Auditiva Evocada) u «Oído visual» y se hizo popular a finales de 2017, cuando la psicóloga de la Universidad de Glasgow, Lisa DeBruine, publicó el famoso gif en el que tres torres de alta tensión jugaban a saltar a la comba.

El gif, creado por la compañía Happy Toast, pronto comenzó a hacerse viral gracias a que muchos de los que lo veían afirmaban escuchar un estruendo cuando la torre que salta cae al suelo y hace temblar todo el escenario. Otros usuarios decían escuchar un sonido parecido a un «boing» y un tercer grupo, que reconocía no escuchar nada, sin embargo afirmaba notar una sacudida.

Según explican Chris Fassnidge y Elliot Freeman, dos investigadores de la Universidad de Londres especializados en Respuesta Auditiva Evocada, este fenómeno no es más que una variedad de sinestesia, que permite a determinadas personas «escuchar imágenes», como los intermitentes de un automóvil, los pasos de la gente, los neones parpadeantes de los comercios o las imágenes de los gifs.

Para llegar a esa conclusión, Fassnidge y Freeman realizaron una encuesta online en la que proponían a los participantes una serie de preguntas sobre percepción. A continuación, se mostraban una veintena de gifs mudos con el fin de que declarasen si les generaba o no una sensación auditiva. Aquellos que quieran más detalles e incluso cumplimentar la encuesta personalmente, pueden hacerlo pinchando este enlace.

La diferencia entre las lágrimas de felicidad, de tristeza...y de pelar una cebolla...

«Puedes olvidar con quién has reído, pero nunca olvidarás con quién has llorado». Así termina Luis Pastor su canción Mar de lágrimas, en la que enumera lágrimas de muchos tipos. Lágrimas de desamor, de desconsuelo, lágrimas de odio, de rabia, de alegría. Lágrimas de belleza.

El llanto y su secreción acuosa han sido objeto de cientos de obras de arte seguramente por ser la materialización de lo más íntimo de nuestros sentimientos, aquello que define a quienes habitamos este valle de…

Y sin embargo las lágrimas no son más que agua con algunas proteínas, lípidos, enzimas y algunos minerales. Las lágrimas son lágrimas y punto, igualitas unas a otras como gotas de agua. ¿O no? Bueno, pues la cosa no es tan sencilla: las lágrimas tienen varias funciones y al menos tres tipos diferentes.

Están las que nos lubrican el ojo, las que lo protegen ante partículas extrañas o sustancias irritantes, y están las que vienen producidas por una tensión emocional, una factura inesperada o un dolor del tipo que sea. Y resulta que no son iguales. Su composición química es diferente.

Las lágrimas emocionales tienen más proteínas que las otras, contienen diversas hormonas y su estructura de cristalización varía, y varía además según sea la emoción que las ha producido. O sea que ¿en un microscopio se verían diferentes las lágrimas de desamor, las de alegría o las de rabia?

Pues resulta que sí, y en fotografiar esas diferencias lleva casi diez años metida Rose-Lynn Fisher, una artista estadounidense, que en su proyecto The Topography of Tears enseña las imágenes de microscopio que muestran que las lágrimas que nos provoca pelar cebollas forman un patrón fractal, compacto y con aspecto vegetal, que las lágrimas de la risa cristalizan de forma alocada o que las del luto forman estructuras limpias y ordenadas como los pasillos de un tanatorio o los espacios que deja la ausencia. Son distintas, muy distintas.

Es bonito ver esas imágenes de la química de las lágrimas presentadas por una artista que no está empeñada en explicarnos las estructuras moleculares de la ira o el desconsuelo, sino en, como ella dice, «alcanzar la intangible poesía de la vida».

Y no solo los artistas saben observar las lágrimas. De entre las distintas versiones del descubrimiento por Alexander Fleming de la lisozima, un protector antibacteriano presente en las lágrimas, una de ellas dice que llorando de impotencia, dejó caer unas lágrimas sobre uno de sus cultivos y observó que donde había habido lágrimas, el cultivo quedaba libre de bacterias.

Fueran lágrimas o más bien moco lo que cayó en los cultivos de Fleming, fuera suyo o de un paciente, el caso es que años antes de descubrir la penicilina (otra historia con múltiples versiones que dan un papel más o menos protagonista a la capacidad observadora de Fleming y a la casualidad), don Alexander encontró una enzima antimicrobiana presente en nuestras lagrimitas de toda la vida.

Ya sean de plástico azul como las de Sabina, negras como las del bolero aquel de Matamoros o aunque se nos caigan en la arena como a Peret, la verdad es que las lágrimas son un tesoro químico que se nos asoma a los ojos por muchas razones y se nos pasa desapercibido casi siempre.




Tener buena memoria te hará inmortal

En la antigua Grecia, la pérdida de memoria se relacionaba con la muerte. Y al revés: una buena memoria era un don que podía llevarte a la inmortalidad, pues recordar todo el pasado implicaba seguir en él.

Por eso no es de extrañar que en aquellos tiempos la memoria fuera considerada una divinidad, de nombre Mnemosyne, responsable de dar a luz a las nueve musas, esas fantásticas diosas encargadas de echarnos una mano cuando se trata de inspirarnos.

Platón, que las aprovechaba todas, se sirvió de aquella leyenda para darle consistencia a su sistema filosófico estableciendo, desde entonces hasta nuestros días, que aprender es equivalente a recordar.

Aunque, para ser justos, hay que decir que la culpa no fue solo de Platón. Al otro lado del planeta, en la mitología india, y más concretamente en el Dîghanikaya, se dice que los dioses caen del cielo cuando «les falla la memoria y su memoria se embrolla».

Ante tanta presión para ejercitar la memoria no es de extrañar que cuando en Grecia, por ejemplo, se propagó la escritura, muchos maestros advirtieron que esa maligna herramienta iba a facilitarle en exceso las cosas a los alumnos, pues no tendrían necesidad de recordar lo que ya estaba escrito.

Una queja esta que reapareció muchos siglos después, con la invención de la imprenta. Entonces fueron otros gurús los que señalaron que, con la proliferación de los libros, la gente perdería todas sus capacidades memorísticas.

Esta obsesión histórica de sobrevalorar la memoria es la que le ha hecho la vida imposible a generaciones y generaciones de estudiantes. Una obsesión que ha permanecido incólume casi hasta ahora mismo.

No hace tantas décadas que en los colegios de nuestro país el profesor de Ciencias Naturales exigía a niños de doce años aprenderse de memoria los períodos de la tierra (Cámbrico, Ordovicio, Silúrico, Devónico, Carbonífero, Pérmico, Triácico, Jurásico, Cretácico…) o la clasificación de los insectos (Ortópteros, dípteros, coleópteros, lepidópteros, himenópteros…) sin que ninguna de esas endemoniadas palabras significaran nada para ellos.

Pero, sin duda, el recitar tales listados era un alarde de retentiva que se veía recompensado en el examen final con una buena nota.

Todo este dislate comenzó a resquebrajarse con la labor de una vanguardia de profesores que comprendieron que es la capacidad de establecer conexiones mentales y no la memoria la que nos prepara mejor para el conocimiento y la comprensión de la realidad.

Pero el golpe de gracia definitivo a aquella milenaria exaltación de la memoria se la está dando, como todos sabemos, el smartphone y los buscadores. Los adolescentes de hoy ya han interiorizado estas herramientas como una parte indivisible de ellos mismos.

Estamos asistiendo al final de Funes, el memorioso, el personaje que, como escribía Borges en ese cuento, «había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos».

La memoria se está olvidando de nosotros y nosotros de ella. Un divorcio que con el tiempo alterará incluso la estructura de nuestro cerebro. Pero para cuando eso suceda todo estará guardado en esta otra memoria digital que, al permanecer incólume, nos hará inmortales.





¿Qué pasaría si un país entero se quedara sin Internet?

Hace un tiempito, National Geographic presentó American Blackout. Este docudrama desarrollaba la hipótesis de que los mayores agoreros estaban en lo cierto y, tras un ciberataque, Estados Unidos sufriría un apagón tanto de sus sistemas de electricidad como de telecomunicaciones.


Aislados sus ciudadanos, tanto entre ellos como del resto del mundo, ¿cómo se comportarían?, ¿cuáles serían las consecuencias? Salvando las distancias tecnológicas y económicas, un país acaba de hacer un involuntario experimento en el mundo real. Mauritania y sus 3,5 millones de personas, con un teléfono móvil por habitante y 600.000 conexiones a internet, se quedó aislado del mundo durante dos días.

Según David Belson, el director del área de Internet Research & Analysis en la empresa Oracle Dyn Global, el cable submarino ACE/African Coast To Europe, que recorre 17.000 kilómetros desde Sudáfrica hasta Francia y Portugal, sufrió un corte entre Dakar y Noukachott, la capital de Mauritania. El problema afectó seriamente a otros 10 países, entre ellos Gambia, Liberia, Guinea-Bissau, Guinea y, sobre todo, Sierra Leona.

Como justo esta última nación celebraba elecciones en esas fechas, Belson teoriza con que lo sucedido podría estar relacionado con ese hecho. Si resulta difícil de creer, en 2013 tres egipcios fueron detenidos por los guardacostas cuando trataban de cortar desde su bote de pesca el cable SE-WE-ME-4, que llevaba entonces un tercio del tráfico entre Egipto y Europa.

Hace pocos días, el director de investigación de Orange, Jean-Luc Vuillemin, publicó un tuit con las fotos que tomó el buque Pierre de Fermat, encargado de la reparación. «Causa probable: una red de arrastre que levantó y cortó el cable y provocó una gran avería en Mauritania», escribió. Pero había razones para sospechar otra cosa. Uganda, República de Congo, Niger y Gambia impusieron recientes apagones de internet por motivos políticos.

Estos blackouts largos y masivos traen, además de molestias, fuertes consecuencias económicas. Hace un año un evento similar tuvo a Somalia sin conexión entre el 24 de junio y el 17 de julio. Ese mes casi entero sin internet costó unos 10 millones de dólares al día y las autoridades locales lo consideraron un «enorme desastre». El PIB de Somalia es de 6.500 millones de dólares para 14 millones de personas. El de Mauritania es de 4.900 para 3,5. Los más afectados, además de los usuarios normales, fueron los medios de comunicación, las agencias gubernamentales y las empresas.

Además de la censura en internet, este escenario habla de otro problema: la extrema vulnerabilidad de los cables submarinos que se encargan de transportar casi el total del tráfico mundial. Antes de dedicarle unas palabras al peligro ruso, James Stavridis, antiguo comandante supremo de la Otan, comentó en un artículo «las múltiples vulnerabilidades que tiene la infraestructura de cables submarinos». Según la ONU, alrededor de 150 cables se dañan al año, principalmente por actividades relacionadas con la pesca.

«Los casos sorprendentemente comunes causados por accidente o por la naturaleza ilustran el riesgo potencial. Los cables son muy vulnerables: su localización suele ser pública, están concentrados geográficamente y se requiere poca habilidad y recursos para dañarlos», continua. «Hay tres áreas donde son vulnerables: en el mar, cuando emergen a tierra y, digitalmente, en sus sistemas de manejo». Es decir, casi en toda la red. «Y en cada área hay motivos para preocuparse sobre su seguridad».

Las consecuencias de un corte global, según quienes se dedican a estudiar esto, suenan a apocalipsis. Robert Fonow, un consultor especializado en telecomunicaciones, ya alertaba de ello en 2006 en su texto Cybersecurity Demands Physical Security. «El efecto en las finanzas, la logística militar, la medicina, el comercio y la agricultura pueden ser profundos… Las transferencias electrónicas, las relaciones entre bancos internacionales… Este tipo de problemas nos podrían llevar a una depresión global». Al final fue Lehman Brothers lo que disparó la gran crisis un par de años después, pero el peligro sigue ahí.

Las recomendaciones de políticos y académicos para reforzar la seguridad pasan por ocultar la ubicación de los cables que cubren la estructura, reforzar los puntos de entrada en tierra, establecer zonas de protección marítima, mejorar los sitemas de monitoreo y regular mayores penas en el derecho internacional. Cosas que suenan medio lógicas.

Al menos, mucho más que las que proponen Elon Musk y Alphabet. Musk y Tesla lanzaron en febrero el primero de los 12.000 satélites Starlinks con los que pretenden convertirse en un proveedor global de internet. Alphabet tiene Project Loon, algo similar pero con globos aeroestáticos y una duración de seis meses. Como si no hubiera suficiente basura espacial ni las empresas tecnológicas no tuvieran ya suficiente control y poder sobre internet.




7 buenos trucos para Whatsapp

WhatsApp posiblemente sea la aplicación de mensajería más utilizada por las personas que utilizan un Smartphone, o sea todo el mundo.

Y aunque existen otras opciones como Telegram, que cuenta con opciones muy llamativas, WhatsApp es casi un indispensable dentro de tu móvil.

Y no conforme con eso, se ha ido actualizando constantemente dentro de sus mismas funciones, logrando una mejor experiencia al enviar y recibir mensajes.


1. Marcar chats importantes

En ocasiones recibes y leer rápidamente un mensaje, pero no puedes responderlo porque estás ocupado realizando alguna otra cosa, y piensas en hacerlo después, pero se te olvida en el transcurso del día.

Para que no te pase puedes usar la opción de marcarlo como “no leído”.

En Android: pulsa el chat durante unos segundos, al abrir el menú selecciona “Marcar como no leído”.

En iOS: ve a los chats, desliza de izquierda a derecha y pulsa “Marcar como no leído”.

2. Acceso directo a conversaciones 

Por el momento solo está disponible en sistema Android. Permite crear accesos directos a conversaciones que queden alojados en el escritorio del teléfono.

En Android: tienes que ir a la ventana de chats, seleccionar el chat específico, Menú, más y das clic en “Crear acceso directo”.

3. Mensajes desde Siri/Google Assistant

Entre las múltiples opciones que tiene Siri, se encuentran leer, responder mensajes o enviar uno nuevo. Debes ir a la configuración del teléfono y darle acceso a la aplicación: Configuración, Siri, Sorporte de app, WhatsApp.

Para utilizarlo, hay que dirigirse a Siri diciendo “Hola, Siri, lee mi último mensaje de WhatsaApp” u “Hola, Siri, envía un mensaje de WhastApp a (contacto)”. Te vas a sentir Tony Stark hablando con Jarvis.

En cuanto al sistema operativo de Google se debe decir "Ok Google, enviar whatsapp" y la aplicación te guiará en los pasos a seguir para enviar un mensaje sin tener que escribir.

4. Destacar mensajes 

A diferencia de la opción “Marcar como no leído”, en esta se podrán destacar mensajes como “favoritos”, y no toda la conversación entera.

Para Android: ve a la ventana de chats, abre la conversación, elige el mensaje que quieres destacar, mantén pulsado y presiona la estrella.

En iOS: ve a la ventana de chats, abre la conversación, elige el mensaje que quieres destacar, manté pulsado y presiona la estrella.

Estos mensajes luego se podrán ver en la configuración de Whatsapp, en la opción “Mensajes destacados”.

5. Termina con la doble paloma azul

A algunas personas les incomoda esta “confirmación de lectura”. Esta actualización, en su momento, fue algo que levantó ámpulas entre los usuarios, porque no todos quieren que el otro sepa si leyó o no leyó el mensaje que le enviaron.

Si no sabías que esto se puede eliminar, aquí está la explicación:

En Android: ve a Ajustes de WhatsApp, Cuenta, Privacidad, y elige la opción “Desactivar recibos de lectura”.

En iOS: Configuración de WhatsApp, Cuenta, Privacidad, y da clic en la opción “Desactivar recibos de lectura”.

Al activarla, tampoco sabrás si la otra persona leyó tus mensajes.

6. Agregar fechas al calendario 

Cuando eres usuario de WhatsApp en iOS y escribes un mensaje que incluye una fecha, aparece en azul, como si fuera un hipervínculo. Esto quiere decir que puedes marcar la fecha en el calendario, directamente desde la conversación.

Si quieres marcarla, sólo debes mantener pulsada la fecha en el chat y después seleccionar la opción “Crear evento”, y Acceder al calendario.

7. Envía un mensaje privado a diferentes personas 

Puedes hacerlo con la “Lista de difusión”, así evitarás el, a veces tardado, copiar y pegar texto varias veces.

En Android: ve a la ventana de chats, después a Menú, y selecciona “Nueva difusión”.

En iOS: en la ventana de chats, selecciona “Lista de difusión”, después presiona “Nueva lista”.