viernes, 6 de abril de 2018

Me visto así porque me gusta...¡y además me queda bien!







Si te sorprende no te preocupes, es WTF!







Buenos ejemplos de imágenes que lo dicen todo







Las ridiculeces de los borrachos




 



Mientras tanto en Asia







Ilusiones ópticas accidentales







Humor automático







El extraño caso del científico que casi queda sordo por cerrar la tapa del inodoro

¿A quién no le ha pasado? La cisterna no funciona, el agua no para de correr, y hay que destapar el tanque del inodoro para arreglar el dichoso mecanismo. En esta situación se encontraba el físico Philip Metzger de la NASA cuando una serie de eventualidades casi lo deja sin audición.

Según cuenta el propio Metzger en un hilo de tuits, ya había terminado de reparar la válvula del inodoro cuando la tapa del tanque se deslizó de entre sus dedos y golpeó el borde de la taza antes de tocar el suelo. La tapa no se rompió, pero Metzger estuvo cerca de quedarse sordo. ¿Sordo? ¿Por el golpe de la tapa del WC? Sí, pero no fue cualquier golpe: fue el golpe perfecto.

“El sonido me dejó aturdido”, explica Metzger. “Salí tambaleándome del baño y caí de rodillas en la sala de estar, preguntándome qué había pasado. Era surrealista. Tuve que probar mi audición porque noté algo extraño”.

“Comm check, 1, 2, 3 —se dijo a sí mismo, imitando a los comandantes del transbordador espacial—; do, re, mi, fa, sol, la, si, do”. Su voz sonaba como si estuviera hablando a través de un kazoo, pero solo en ciertas frecuencias. De alguna forma, la tapa del tanque había dañado su audición. Pero ¿cómo, si la caída había sido de unos 20 centímetros? Metzger sacó la calculadora.

Tratándose de un físico, Metzger sabía que el primer paso era averiguar la velocidad del sonido en la cerámica, el material del que estaban hechas la tapa y la taza del inodoro. Respuesta: unos 4000 metros por segundo. Lo siguiente fue determinar la frecuencia del sonido, para lo que calculó la longitud de onda de la vibración que causó el golpe de la tapa en la taza.

Puesto que el sonido ocurrió en un medio delimitado (la tapa del tanque), usó la ecuación de las ondas estacionarias. Normalmente, la frecuencia es igual a la velocidad dividida por la longitud de onda, pero esta onda viajó de un extremo a otro de la tapa y rebotó de nuevo hacia el otro extremo, así que Metzger dividió la velocidad por la longitud de la tapa, y luego dividió por dos para obtener la frecuencia: 3,5 kHz o 3500 ciclos por segundo.
El problema es que la tapa del tanque no se rompió al caer, por lo que casi toda la energía del impacto se canalizó hacia el sonido. Además, la tapa era cóncava, así que actuó como una antena que enfocó esa energía hacia la cara de Metzger. Para colmo, la onda estaba limitada a unas frecuencias específicas (3,5 kHz y sus armónicos), de manera que toda su energía se concentró en puntos específicos de la cóclea en el oído interno de Metzger.

“La onda de presión es más fuerte dentro de la cóclea en función de la frecuencia”, explica Metzger. “Como la tapa del WC puso toda la energía en frecuencias específicas, se concentró en puntos específicos de la cóclea. Aparentemente, esta concentración de energía fue suficiente para dañar los receptores del oído, y me preocupaba que pudiera ser permanente”.

Según la altura desde la que cayó, la distancia a la que estaba su cara (unos 50 centímetros) y el hecho de que la taza era de porcelana, así que apenas amortiguó el golpe, Metzger calcula que el sonido se produjo con una intensidad de 138 decibelios. Eso está en el límite del daño permanente de audición, y por encima del ruido que produce un avión al despegar.

Pero además, todo ese sonido se había concentrado en bandas estrechas de frecuencias determinadas por la resonancia con la cerámica, por lo que el resultado fue mucho peor que un sonido de banda ancha al mismo nivel de intensidad. “Lo que lo hizo peligroso fue la rigidez de la superficie cerámica en la que rebotó y el hecho de que no se rompió”, dice Metzer. “Más energía se canalizó en el sonido en lugar de romper enlaces moleculares”.

Dentro de lo que cabe, tuvo suerte. 48 horas después del incidente, su audición empezó a mejorar: no había daño permanente. “Cuando dirigía el laboratorio KSC Swamp Works de la NASA, fui responsable de la seguridad del laboratorio, incluida la protección auditiva. Nunca hubiera imaginado que tirar la tapa de un inodoro podría arruinar tu audición”, concluye. Cuídense, amigos. La física te embiste cuando menos te lo esperas.



3 fáciles ejercicios diarios para recuperar la flexibilidad

Sabemos que la flexibilidad se va perdiendo con el tiempo, es de carácter involutivo, y es por ello que debemos dedicarle un tiempo extra diario para, por lo menos, mantenerla. Gracias a la práctica y constancia podemos hacer que los músculos, los tendones, las fascias y las cápsulas se vuelvan flexibles. «La solución pasa por realizar estiramientos cada día para rejuvenecer nuestro cuerpo», advierte la entrenadora personal Marta Rosado, directora del centro Personal.

A juicio de esta experta, «no importa que sea por la mañana, nada más levantarte, o por la noche antes de acostarte, cuando terminas el entreno en el gimnasio o si te utilizas momentos de tranquilidad, como cuando ves la tele o lees un libro. La cosa es que, siempre que puedas, te mimes y te cuides».

Tal y como explica Rosado, en una espina dorsal no importa la edad, da igual que sea flexible o no, todo depende de cómo la cuidemos. «S0lo depende de uno mismo y el caso que se le haga, ya que la no flexible puede impedir y llegar a convertirte en un viejecillo al momento, aunque tu edad biológica sean de treinta años. ¡Si no pones remedio esos treinta pueden ser cien!. Lo mismo pasa al contrario, una persona de 80 años puede tener un físico de 25 años y eso, en realidad, es salud. Todo depende de uno mismo. No te lo tomes a la ligera, esto depende de ti y de ti alargar o no tu vida. Solo se necesitan entre 5 y 10 minutos al día», asegura Rosado.

Estos son los tres ejercicios recomendados por esta deportista para recuperar la flexibilidad del cuerpo, siempre y cuando se realicen a diario:

Lomo-silla o gato-silla

Cobra

Estiramiento espinal



Comió a su víctima y con su sangre pintó un cuadro

El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de Venezuela arrestó hoy a Luis Alfredo González Hernández, un joven homicida que comió parte del cuerpo de su víctima.


El director del Cicpc, Douglas Rico, informó a través de la red social Instagram que González Hernández asesinó al dueño de una finca del estado Miranda (cercano a Caracas) dentro de su propiedad.

«Luego de su aprehensión y mediante interrogatorio (el homicida) admitió su culpabilidad en el hecho, manifestando haberlo descuartizado (al hacendado) y comido gran parte de la humanidad del mismo», señala la publicación de Rico.

Según la información preliminar que maneja la policía científica la víctima había contratado al joven asesino «para servicio funerario, el cual consistía en darle muerte, comer parte del mismo y con su sangre y cenizas hacer pinturas en lienzo».

«En el lugar del hecho se ubicaron documentos de personas ajenas al lugar las cuales se están verificando a ver si han sido reportadas como desaparecidas y obras de arte (hechas con osamentas) a las que se les realizarán la antropología forense correspondientes», agrega el texto compartido por el jefe policial.

Rico se refiere al homicida como un «artista antropófago».

En el año 1999 un caso de canibalismo acaparó la atención mediática en Venezuela después de que las autoridades aprehendieran a José Dorangel Vargas, un antropófago conocido como el «comegente».

Se estima que el homicida es responsable de al menos 40 asesinatos y fue sentenciado a 30 años de cárcel, pena que hoy cumple en el estado Táchira (oeste, fronterizo con Colombia).