domingo, 25 de febrero de 2018

Sicario, el origen del término

Un sicario es una persona que mata a alguien por encargo de otro, por lo que recibe un pago, generalmente en dinero u otros bienes. Algunos términos sinónimos son, por ejemplo, asesino a sueldo​ o pistolero.

Sicarius es plural latino de sicarium. La daga o espada corta, que en latín es sica, era usada por los asesinos porque podía ocultarse bien bajo los pliegues de la túnica.

En el nombre de Judas Iscariote, el apóstol que habría traicionado a Jesús, el epíteto "Iscariote" era interpretado por algunos eruditos como una transformación helénica de sicario. El sufijo "-ote" denota membresía o pertenencia a algo, en este caso a los sicarios.

La mayor parte de los eruditos modernos objetan dicha declaración. ​ Apuntan que el principal problema de ubicar a Judas como miembro de los Sicarii es que para entonces (principios de la década de los 30) no existía dicho movimiento. El grupo de los Sicarii se formaría en la década de los 50 o 60, en los periodos de Félix y Albinus, tal y como indica Josefo.

Era una figura conocida por el Derecho romano, que reguló especialmente su condena penal, por la particular crueldad con que se conducían estos asesinos, mediante la Lex Cornelia de Sicariis et Veneficis (Ley Cornelia sobre Apuñaladores y Envenenadores) del año 81 a. C

El sicariato es un delito en el cual se realizan asesinatos por encargos, por gustos o conveniencia, en la mayoría casos de jóvenes. Actualmente está en auge, y es un problema social que se encuentra en mayor parte en él narcotráfico, en la venganza por distintas causas y en operacionalizarlo. Los narcotraficantes se proveen utilizando delincuentes comunes y en el caso más grave menores de edad. Lo más preocupante es un gran porcentaje de estos homicidios son cometidos por adolescentes de entre los 14 y 23 años. Los Encargados de este delito buscan menores de edad por su condición jurídica.

Humor filosófico







Gestos con las manos y otras cosas curiosas que hacen que se enamoren de ti

Aunque el amor siempre será un misterio de la vida, la psicología ha hecho un gran trabajo para entender por qué nos enamoramos de alguien. 


Existen razones conocidas, fundamentadas por la ciencia, de por qué somos más propensos a enamorarnos de una persona, entre ellas su olor, qué tan similares son sus gustos, si es una persona misteriosa, etc. Pero existen factores poco curiosos y algo extraños que influyen en esto también, sin importar tu orientación sexual. Estos son algunos:

  • Si te interesas por el medio ambiente Un estudio de 2016 publicado en la revista Social Psychology encontró que tanto hombres como mujeres que son conscientes y amigables con el medio ambiente son más atractivos para una relación a largo plazo. Quienes hacen compras de lujo, por el contrario, son percibidas como personas menos atractivas, pero más deseables para algo sin compromisos. 
  • Si te haces 'el o la difícil' De acuerdo a un estudio publicado en 2014 por Research Gate, los hombres que participaron en un experimento de citas se vieron más interesados en mujeres que se 'hacían las difíciles, pero sólo en ciertas situaciones. Los hombres debían estar realmente interesados en la otra persona, para que realmente esto les resultara atractivo. Cabe señalar que aunque deseaban más una mujer con una actitud difícil, al final les gustaba menos. En otras palabras, el amor es complicado. 
  • Las expresiones correctas Ser feliz es algo atractivo en mujeres, pero no tanto en hombres. En 2011, un estudio publicado en PubMed, en el que participaron mil personas, se les mostraron fotos del sexo opuesto. La mayoría de los hombres veían un mayor atractivo en las mujeres que sonreían y menos atractivo cuando mostraban orgullo. Por su lado, las mujeres encontraron más atractivos a los hombres que mostraban algo de orgullo y menos atractivos a los que se veían felices. ¿Qué tanto concuerdas con esto?
  • El parecido que tienes a su pareja actual o a su ex Tal vez todos tenemos un tipo de persona que nos gusta, pero las mujeres son más propensas a apegarse a eso que los hombres. En otro estudio publicado en 2011 por PubMed, investigadores encontraron que tanto hombres como mujeres encuentran más atractiva a otra persona si se parece a su pareja actual. Los hombres sin embargo, encontraron menos atractivas las caras de quienes se parecían a sus parejas que las mujeres. 
  • Los gestos con tus manos Literalmente, si tratas de llenar el espacio a tu alrededor con tus mando, las personas podrían enamorarse más de ti. En un estudio en 2016 publicado en PubMed, investigadores observaron a hombres y mujeres en un ejercicio de citas. La mayoría de las participantes querían volver a salir con las personas que movían mucho sus manos y brazos, contrario a los que se quedaban más quietos. Las personas con una postura más expansiva en general resultaron más atractivas para hombres y mujeres. 
  • Si se ves a los ojos por más de dos minutos Joan Kellerman, psicólogo en la Universidad de Massachusetts, le pidió a 72 personas que se emparejaran y se vieran a los ojos por dos minutos. Cuando acabó el tiempo, la mayoría dijo que sus sentimientos de amor y afecto por la otra persona habían aumentado considerablemente. La revista Scientific American sugirió que los periodos 'largos' de contacto visual te pueden conectar mucho más con una persona, aunque no la hayas conocido antes. 
  • Si eres igual o menos atractivo que ellos En un estudio publicado en 1996 por el sitio APA PsycNET, cada participante fue calificado por su atractivo físico y de forma aleatoria se les asignó una cita. Luego se les pidió que calificaran que tan satisfechos se sentían con quienes se les emparejo. Los participantes más atractivos fueron mucho más exigentes en sus juicios, aunque salieran con una persona igual de atractiva que ellos. Entre más atractivos eran se sentían menos satisfechos.  Pero esto sólo aplicó a las personas muy guapas. Para el resto de nosotros, según la hipótesis de este estudio, somos más propensos de enamorarnos de alguien que tenga un atractivo similar al nuestro.



Este actor está en 3 películas nominadas al Oscar (y no ganará ninguno)

Justo como un amuleto de la buena suerte, Michael Stuhlbarg es uno de los actores más famosos de reparto. Resulta que este año varias de las películas en las que actuó están nominadas, pero él no.


Si aún no lo reconoces por el nombre o no ubicas su rostro, te lo presentamos. Fue Dimitri en The Shape of Water: 


Samuel Pearlman en Call Me by Your Name:

Abe Rosenthal en The Post: 

El actor de 49 años es oriundo de Long Beach, California, y comenzó su carrera a los 25 en la obra de teatro Saint Joan. Su primer rol en películas ocurrió en A Price Above Rubies, con Renée Zellweger, y un año más tarde apareció en la versión fílmica de Cabaret, interpretando al nazi Ernst Ludwig.

Michael ya había trabajado en otras películas nominadas, como Lincoln (2012) bajo la dirección de Steven Spielberg, con quien regresaría para The Post. También ha trabajado con los hermanos Coen, conocidos por sus temas tan humanos y su visión tan realista de la vida; con ellos participó en la película a Serious Man que le valió una nominación la Óscar y a un Globo de Oro.




10 citas para sonreír






¡Dímelo en la cara! (o mejor no)

Las afirmaciones «dímelo en la cara» o «yo siempre voy de frente» deben de ser dos de las sentencias más repetidas a la vez que más desconectadas de la realidad. En primer lugar, porque si dijéramos siempre las cosas a la cara nos la partirían cada semana. En segundo lugar, porque la educación, la convivencia, la amabilidad y la empatía se basan en no ir siempre de frente (sí, amigos, la hipocresía engrasa las relaciones sociales).

Pensemos por un momento en cómo reaccionamos cuando recibimos una crítica. Lo habitual es ponerse a la defensiva. Si bien somos expertos a la hora de identificar patrones negativos en otras personas («es muy arrogante, habla demasiado, es un machista»), cuando esas críticas se vierten sobre nosotros obramos como si nos cayera encima una lluvia torrencial: abriendo el paraguas de la suspicacia («¿cuándo hago yo eso?, ¡dime una sola vez!»).

Resulta también irónico que determinados defectos los podamos admitir en nosotros mismos si sacamos el tema motu proprio o el objeto de la conversación no se centra en una crítica directa. Pero si alguien «nos viene de frente», instintivamente negamos la mayor. Porque somos animales sociales, vivimos rodeados de personas y sentimos un temor ancestral hacia la exclusión. Así pues, sospechar que nuestros semejantes han identificado alguna debilidad importante en nosotros resulta de todo punto perturbador.

Dímelo en la cara

A pesar de que espolear la curiosidad ha sido el principal motor del progreso social e intelectual, lo cierto es que hay un tipo de curiosidad incluso más peligrosa que la relativa a despejar un spoiler: la curiosidad por conocer la opinión sincera de los demás sobre nuestra persona.

Pero ¿por qué? ¿Acaso no deberíamos saber lo que de verdad piensan las personas que nos rodean para saber a qué atenernos? Lo cierto es que no. Al menos no del todo. A pesar de que sentimos una enorme curiosidad, una curiosidad malsana, por lo que los demás piensan de nosotros, saberlo no nos conviene.

Es sencillo establecer de dónde nace esta curiosidad: la forma eficaz de saber si estamos en riesgo de exclusión del clan al que pertenecemos es conocer la opinión fidedigna que los miembros del mismo tienen sobre nosotros. Hemos de recordar que estos rasgos instintivos en nuestro comportamiento indagador provienen de hace miles de años, cuando el cerebro se configuró en un contexto en el que ser excluido del grupo te condenaba a malvivir, pasar hambre y probablemente morir.

El grupo de antepasados que nunca se preocuparon demasiado de lo que pensaban sus semejantes («no me importa lo que los demás piensen de mí», otro gran mantra falaz), sencillamente se extinguieron porque no fueron capaces de transmitir sus genes (y su pasotismo social) a sus vástagos. Solo sobrevivieron los que trataban de encajar sin demasiadas disonancias en un grupo, logrando así que tal grupo le proporcionara apoyo en momentos críticos.

Sin embargo, si tratamos de saciar demasiado a menudo esta curiosidad, entonces podemos ahogarnos. Como decía Séneca: «El que averigua todo lo que se dice de él, el que va a desenterrar las palabras malévolas, hasta las más secretas, se persigue a sí mismo».

Ser consciente de la impresión que causamos en los demás nos permite convivir en sociedad. Tener toda la información, punto por punto, de lo que incluso las personas no se atreven a verbalizar sobre ti, probablemente te condenará a una tristeza insondable. Hay sobre este tema una capítulo de una extinta serie de televisión de la que, lamentablemente, he olvidado el nombre. La sinopsis podría resumirse en: un tipo adquiere un ídolo que le permite conocer los pensamientos secretos de la gente sobre él, sus verdaderas opiniones despojadas de hasta la última gota de hipocresía. Al poco de obtener este poder, el personaje se acaba suicidando, incapaz de asumir el verse con los ojos de los demás. 


Aunque te cueste admitirlo tu abuela también necesita tener sexo

Cuando en el siglo XVIII le preguntaron a la princesa Isabel Carlota de Francia a qué edad desaparecía el deseo sexual, la aristócrata respondió «¿cómo voy a saberlo? Solo tengo 80 años».

Esta anécdota se recoge en Sin reglas, un libro de Anna Freixas que acaba de ser editado y en el que se reflexiona sobre la sexualidad de las mujeres maduras. Un ensayo que ha sido posible gracias a la participación de casi 800 voluntarias que han compartido con la autora sus deseos, fantasías y realidades.

La conclusión (o la premisa) de Sin reglas es que las mujeres de entre 50 y 80 años continúan siendo sexualmente activas. Una situación que es silenciada constantemente por la sociedad actual que, si bien está hipersexualizada en algunas franjas de edad, descarta a las mujeres maduras en lo que a placer sexual se refiere.

Una decisión que no se sabe bien a qué responde. ¿Al pecado? ¿A la culpa? ¿A los cánones estéticos? ¿A la protección de la familia burguesa, que no quiere madres que tengan aventuras y experiencias?

«Bueno, tal vez sea al revés. Que la mujer no tenga experiencias sexuales llegada una edad, lo que facilita es que sean los hombres los que sí que tengan esas experiencias y aventuras», explica Anna Freixas. «Por eso, no es tanto un control social hacia las mujeres sino una libertad para los hombres. Susan Sontag decía que había un doble código: a las mujeres se las quita de la circulación a partir de la mediana edad, mientras que los hombres continúan disfrutando de esa sexualidad. Es una situación que siempre ha beneficiado al patriarcado».

Para ejemplificar esta afirmación, Freixas recuerda la situación de pareja de dos políticos de primera línea: Donald Trump y Emmanuel Macron. El primero está casado con una mujer 30 años más joven y nadie parece escandalizarse. El segundo, sin embargo, tiene como pareja a una mujer 30 años mayor, algo que no es tan bien entendido.


«El caso de Macron ha provocado un escándalo de primera categoría. El suyo es un buen ejemplo de lo que es ese doble estándar del envejecimiento y de la sexualidad que creo que está relacionado con el miedo al poder de las mujeres. Si las mujeres de todas las edades van a mostrar su deseo, los hombres de edad avanzada, que posiblemente ya tengan dificultades funcionales porque no han desarrollado su sexualidad, tendrán miedo y considerarán que esa mujeres son un problema».

Cuando Freixas hace referencia a «desarrollar la sexualidad», se refiere a superar la limitación que supone concebir el sexo como mera genitalidad. En Sin reglas, se recogen ejemplos de mujeres que demuestran que la sexualidad es variada y mutable con el tiempo. En otras palabras que no tiene que ser necesariamente heterosexual durante toda la vida ni, por supuesto, centrada en el coito.

«La sexualidad en la sociedad actual es un sistema dual cuando, en realidad, la sexualidad es muy plástica y variada, que puede ir del cero al infinito. En el libro cito un libro, que también es película, titulado Nosotros en la noche. En él, una mujer mayor le propone a su vecino pasar la noche con ella. Pero no se refiere a tener una relación coital, sino a mantener una conversación, sentir el calor del otro, que también son formas de sexualidad. Por ello, los varones tienen que replantearse la sexualidad como la han entendido hasta ahora».

El problema es que hasta los estamentos científicos conciben la sexualidad desde un punto de vista masculino. Fraixas cita en Sin reglas cómo el laboratorio Pfier decidió crear medicamento equivalente a Viagra para mujeres, convencidos de que, después del éxito de la pastilla azul entre los varones, una píldora semejante para las mujeres sería un estupendo negocio.

Necroturismo: viajar alrededor del mundo visitando cementerios

No hay forma tan efectiva de valorar la vida como acercarse a la muerte. Y puede que no haya mejor día que el lunes para lanzarse a recorrer cementerios de todo el mundo. O eso le pareció al escritor Fernando Gómez cuando sintió que la vida le pesaba un poco más de lo normal, como solía ocurrirle al comienzo de cada semana.

Se había sentado en un banco a compadecerse de sí mismo cuando escuchó una voz: «He visitado 80 cementerios de los cinco continentes y allí descansan quienes en sus vidas tuvieron días tan malos o peores que los que está usted viviendo».

Inspirado por Julio Verne, Gómez se lanzó a recorrer el mundo a través de sus lápidas. Su viaje, como era previsible, empezó en la tumba del autor de La vuelta al mundo en 80 días, en el cementerio de La Madeleine, de Amiens (Francia). Julio Verne ideó y encargó la escultura que le acompañaría tras su muerte. Él mismo pensó los matices que la convirtieron en un misterio a base de luces y sombras: dónde iría colocada y en qué dirección.

El resultado de este necroviaje que comenzó en la tumba de Julio Verne y terminó en el cementerio de Sant Andreu (Barcelona) es La vuelta al mundo en 80 cementerios (Luciérnaga, 2018), un volumen que recoge peculiaridades de varias tumbas repartidas por todo el mundo.

Cada capítulo es un paseo entre las lápidas más famosas y muestra las peticiones más extravagantes; esas que llevan a los vivos a cumplir los caprichos más absurdos por miedo. Pero también expone algunas curiosidades relacionadas con la vida de los dolientes que se quedan cuidando las tumbas de sus muertos más queridos.

De La vuelta al mundo en 80 cementerios hemos reunido algunas historias que dan ganas de lanzarse a recorrer el mundo en busca de la muerte, la ajena, para contemplarla, asombrarse y reforzar las ganas de vivir.

El cadáver que engañó a Hitler (Cementerio de la Soledad, Huelva, España)
Para despistar a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, los servicios secretos británicos hicieron creer a los alemanes que los aliados iban a recuperar Europa desde Grecia. El plan consistía en colocar un cadáver en España. Lo dejaron en el mar para que llegara a la costa cargado de documentos sobre un supuesto desembarco en Grecia y con una falsa identidad.

William Martin, miembro de la Armada Real inglesa, no existió. Era, en realidad, Glyndwr Michael, un mendigo cuyo cuerpo nadie reclamó y que facilitó la invasión de Sicilia sin saberlo.

La buena y la mala suerte del nicho 1501 (Cementerio General de Valencia, España)
Vicente estaba en Madrid cuando su novia, Emilia, murió en Valencia. No tuvo noticias de su deceso hasta que regresó a su ciudad. Una vez en Valencia, extrajo el cuerpo de Emilia de una fosa común y le compró un nicho con lo que había ahorrado como actor de teatro en Madrid.

Vicente se casó con una hermana de Emilia, pero siguió cuidando el nicho de su primera novia y le cambió varias veces la lápida para que estuviera siempre nueva. Con su cuñada, convertida en esposa, tuvo una hija a la que llamó Emilia, pero madre e hija murieron muy pronto. Tras la muerte de ambas, se casó con la única hermana de Emilia que quedaba.

Su vida siguió marcada por la mala suerte: a esas pérdidas se unió la ruina económica. Hasta que compró un décimo de lotería con el mismo número del nicho de Emilia: 01501, un número que le reportó 600 pesetas y le garantizó seguir cuidando la lápida de su primera novia.

El corazón de Percy Shelley no está con él (Cementerio protestante de Roma, Italia)
El poeta Percy Shelley dijo del Cementerio Protestante de Roma que era «el lugar más bello que había visto». Allí está su tumba. «Sus amigos decidieron construir una pira en la playa e incinerarlo, copiando la ceremonia dedicada a los antiguos emperadores romanos, que consistía en avivar el fuego con vino, aceite y sal», escribe Fernando Gómez.


Absolut, el vodka fabricado por suecos desnudos

¿Por qué se desnuda un sueco delante de una cámara en un campo de trigo? Lo primero es que Suecia no es un buen lugar para andar en pelotas. Hace frío. Mucho. De modo que debe haber un buen motivo. El hombre se llama Gunnar y su vestimenta consiste en un par de botas y de calcetines y en un racimo de píxeles que le cubre los genitales. Se le ve contento cuando empieza a hablar del vodka y del cereal dorado y robusto que se emplea en su fabricación.


Hay dos motivos para desnudarse que están relacionados con esta bebida. Primero: que en ese momento de hermandad humana que brota en medio de la noche y de la fiesta, uno llegue a la conclusión de que todos somos iguales, bellos y hermosos, y decida quedarse como su madre lo trajo al mundo. Y segundo: que uno esté orgulloso de no tener nada que esconder.

En el caso de la nueva campaña de Absolut, se trata de la segunda razón. Es, además, un orgullo colectivo: en el vídeo que puedes ver al final aparecen 28 personas desnudas. Son los protagonistas del proceso de producción de esta marca de vodka cristalino. Desde los granjeros a los empleados de la destilería de Ahus (Suecia).

Pablo González de la Peña, director creativo de la campaña, cuenta cómo se gestó esta idea: «Todos en el equipo quedamos impresionados cuando hicimos el tour en la fábrica en Ahus. Los procesos de destilación y la gestión de los residuos están controlados al milímetro para reciclar todo lo posible, así que fue fácil llegar al concepto porque nace de una realidad: su producción es totalmente transparente».

La campaña se ha diseñado para que corra por el mundo digital. Apuesta por la viralidad. El carácter sueco, la generosidad física de los nórdicos, también influyó: «Nos encanta que los suecos tengan una facilidad asombrosa para quitarse la ropa cuando hay gente delante», bromea González.

Gunnar, el guía despelotado, explica el proceso de producción con carbono neutral y cómo utilizan los sobrantes generados para alimentar al ganado porcino local. Este vodka se fabrica con una perspectiva local de cuidado y sostenibilidad del entorno para expandirse luego por todo el mundo. Sigue la máxima contemporánea: «Piensa globalmente, actúa localmente».

Sus ingredientes se extraen de 120 kilómetros a la redonda de la destilería y emplean a unos 400 granjeros en el proceso de cultivo. Granjeros como Lars, que aparece de pronto ante la cámara con perilla, boina, sonrisa y, por supuesto, píxeles en la entrepierna.

Absolut controla toda la cadena de producción. El siguiente eslabón al que se mueve Gunnar es el aparcamiento de bicicletas de la destilería de Ahus. Todos los trabajadores, cuenta Gunnar, son vecinos de la localidad. También ellos llegan desnudos en bicicleta. Desnudos, pero con casco: la seguridad es más importante que la ropa o que la apariencia.

Mientras las botellas de Absolut atraviesan como bólidos la cinta de producción, Gunnar habla de la cantidad de recipientes que se fabrican. Un número suficiente, unas 600.000 botellas al día, como para que en el mundo se sirvan 25 copas de Absolut cada segundo. Las botellas se fabrican con vidrio reciclado y deben pasar duros controles de calidad. Eso es lo que se representa en una escena en la que tres empleados revisan y desechan uno de los recipientes.

La ciencia comprueba que tu salud está relacionada con tus creencias

RICHARD MÖDL SE HABÍA ROTO EL TALÓN, pero en 2003 estaba empeñado en hacer su primera peregrinación desde Ratisbona hasta Altötting, en Alemania. Caminar era un verdadero suplicio; ni pensar lo que sería soportar los 135 kilómetros que miles de creyentes hacen para ver la Virgen Negra de Altötting. Pero Mödl tenía una fe profunda en que la Virgen María lo ayudaría. “Cuando estás de camino a Altötting, casi no sientes dolor”, asegura.

Hoy, a los 74 años, Mödl tiene una cálida sonrisa y es delgado. Desde que se curó el pie, ha hecho la peregrinación 12 veces más y cree firmemente en su poder transformador.

Mödl es uno de tantos creyentes. Ya sea mediante la invocación del Espíritu Santo en un retiro espiritual, o una inmersión en las aguas del Ganges, el poder sanador de la fe nos rodea.

Las investigaciones sugieren que ir regularmente a servicios religiosos podría fortalecer el sistema inmunológico, reducir la tensión y añadir años a la vida. La fe religiosa no es el único tipo de convicción que tiene la capacidad de hacernos sentir inexplicablemente mejor. A 9.600 kilómetros de Altötting, otro hombre experimentó lo que parece ser un milagro médico.

A los 42 años le diagnosticaron a Mike Pauletich inicio precoz de Parkinson. Durante mucho tiempo luchó contra la enfermedad y la depresión a medida que hablar y escribir se le iba haciendo cada vez más difícil. Por fin, en 2011, Pauletich recurrió a la empresa Ceregene que estaba experimentando una nueva terapia genética. El Parkinson se debe a la pérdida crónica del neurotransmisor, dopamina. El tratamiento experimental consistía en perforar dos orificios en el cráneo del paciente e inyectar neurturina, proteína que había detenido el desarrollo de la enfermedad en monos, directamente en el cerebro.


Después de la intervención, la movilidad de Pauletich mejoró y hablaba mucho más claro. (Hoy apenas se percibe que alguna vez tuvo la enfermedad). Kathleen Poston, su médico durante el estudio, estaba asombrada. En sentido estricto, nunca se había revertido el Parkinson en humanos; la única esperanza era disminuir el ritmo de desarrollo de la enfermedad.

En abril de 2013, la empresa anunció que las pruebas habían fracasado. Los pacientes no habían mejorado respecto a los que habían recibido un placebo: una intervención simulada en la que el doctor perforaba agujeros en el cráneo del paciente. Poston estaba desolada. Pero luego vio la información y notó algo que la dejó helada. A Mike Pauletich le había tocado el placebo.

EN CIERTA FORMA, tanto Pauletich como Mödl participaron en un espectáculo, y al igual que una representación teatral el nos puede cautivar hasta el punto que sentimos que estamos presenciando algo real, el teatro de la sanación nos cautiva al crear expectativas muy poderosas en el cerebro, que impulsan el llamado efecto placebo, que también afecta a lo que sucede en nuestros cuerpos.
Cuando Pauletich experimentó una mejoría, no fue solo por los agujeros que sentía en la cabeza o lo que los médicos le dijeron sobre la operación. Era todo el escenario que se había montado: los médicos con sus batas, estetoscopios colgados del cuello; enfermeras, chequeos, exámenes, etc.

Este montaje se extiende a muchos aspectos del tratamiento y podría llegar al inconsciente. Los placebos caros funcionan mejor que los baratos. Los supositorios placebo funcionan mejor en Francia, mientras que los ingleses prefieren tragar sus placebos. A menudo, las inyecciones falsas funcionan mejor que los medicamentos ficticios. Pero las cirugías simuladas parecen ser las más potentes.

Más sorprendente aún, los placebos funcionan incluso cuando se sabe que son placebos. Ted Kaptchuk, investigador en la Facultad de Medicina de Harvard informó, junto a su equipo, sobre este hallazgo en un estudio publicado en 2010. Después de tomar un placebo durante 21 días, las personas con síndrome de colon irritable se sintieron muchísimo mejor que quienes no tomaron nada, a pesar de que sabían que estaban tomando placebos. 

Una relación solidaria médicopaciente fue clave en generar la certeza de un resultado positivo. Se dijo a los pacientes que se había demostrado, en pruebas clínicas rigurosas, que las pastillas placebo inducían una autocuración significativa. “Trabajar con expectativas es muy complejo —dice Kaptchuk, dedicado a estudiar el efecto placebo—. Afrontamos una medición muy imprecisa de un fenómeno muy impreciso. Y mucho está en el inconsciente.”

Láudano, el antiguo medicamento que aun no ha encontrado sustituto


Considerada una de las drogas más antiguas, el opio ha sido cultivado desde la era Neolítica. La sustancia se retira de la amapola, y las semillas de la flor también se utilizan como condimento - sin ningún efecto alucinógeno.

El opio tiene un poderoso efecto narcótico y analgésico, y puede ser fumado o comido, y también disuelto en alcohol y bebido. La amapola es nativa de Grecia y de China, pero también fue cultivada por las poblaciones egipcias, romana y minoana.

El láudano, como es llamado el opio con alcohol, se hizo famoso por su uso por los poetas del romanticismo, como el británico Lord Byron. Durante el siglo XIX, el láudano era legal y más barato que el gin, y se convirtió en una bebida común entre la clase trabajadora británica.

El láudano es una tintura alcohólica de opio preparada por primera vez por el alquimista Paracelso. Para ser más exacto es una preparación compuesta por vino blanco, azafrán, clavo, canela y otras sustancias además de opio; usada con fines medicinales en una gran variedad de jarabes patentados durante el siglo XIX.1​ Las más famosas mezclas de alcohol y opio fueron aquellas comercializadas por Thomas Sydenham, que usaba vino de Málaga, y el del abate Rousseau, médico personal de Luis XIV de Francia, que usaba alcohol al 60% con levadura de cerveza; luego se utilizó la mezcla de W. K. Harrison, en Leeds (Inglaterra).

Se usaba comúnmente para reducir cualquier tipo de dolor, desde el dolor provocado por la salida de los dientes en los niños a los típicos dolores producidos por el cáncer y otras enfermedades terminales; para adormecer, para la ansiedad, para el tratamiento de la diarrea (prescripción que aún sigue teniendo en algunos casos) y para eliminar la tos en todo tipo de procesos, desde una simple gripe a una tuberculosis. Su principio más activo es la morfina, aunque también incluye cantidades menores de codeína y de narcotina, aunque existía una versión de láudano sin este alcaloide, la narcotina, que paradójicamente no tiene propiedades narcóticas, y sólo provoca molestias estomacales y vómitos.

Al láudano y al opio se les consideraba el medicamento más importante de todos los que existían en la farmacopea de aquella época. Algunos de sus usos no han sido superados por ningún otro fármaco moderno, y sigue estando disponible en varios países, entre ellos España, mediante su elaboración como fórmula magistral, concretamente el láudano de Sydenham. En España se vendía en las boticas al precio de 30 céntimos por gramo, en el año 1925.