domingo, 15 de octubre de 2017

Aunque no lo creas esto es una torta...y otras imágenes divertidas, curiosas y WTF!



Disfraz de Halloween inspirado en el Autorretrato de Van Gogh de 1889






Mapaches (Los ositos lavadores)


Procyon es un género de mamíferos carnívoros de la familia Procyonidae1​ conocidos comúnmente como mapaches u osos lavadores. Son propios de América.


Tiene un tamaño mediado llegando a medir 55 cm y 40 cm de alto, pequeños, poco mayores y más gruesos que un gato, de pelo medianamente largo y de color gris plateado, más oscuro en el centro del lomo, el pelo de las extremidades casi blancas, cola larga y anillada (gris plateado con blanco o casi blanco), y una característica mancha de pelo negro que va desde cada mejilla a cada ojo, lo que lo hace muy reconocible, pues parece como si llevaran un antifaz. 


En ocasiones se sientan sobre sus cuartos traseros (muslos y glúteos), como hacen los osos, y como ellos son de patas traseras plantígradas. En sus extremidades poseen cuatro dedos largos. Puede pesar hasta quince kilogramos.


Hábitat y comportamiento

Artículos inquietantes encontrados en tiendas del mundo...







Los gamers lo apreciarán...







Umor hortográfiko







WTF! de domingo







El científico que "descubrió" la vitamina C buscando en una carnicería y en los pimientos

En la antigüedad se intuía el efecto medicinal de consumir fruta y verdura fresca, pero no fue hasta hace ahora 85 años que se descubrió qué es y cómo funciona la vitamina C, gracias al médico húngaro Albert Szent-Györgyi, que en 1937 ganó el Nobel de Medicina por este hallazgo.


Szent-Györgyi (1893-1986) aisló e identificó la vitamina C, dando así una explicación científica a lo que sabían los marineros desde la Edad Moderna: que el consumo de cítricos o de col fermentada ayuda contra el escorbuto.

Desde las primeras décadas del siglo XX muchos investigadores en los grandes centros científicos de todo el mundo centraron su interés en las vitaminas.

Aunque está presente en muchos alimentos, la extracción de la vitamina C era aún muy difícil en esa época por falta de tecnología.

Szent-Györgyi, que tras la Primera Guerra Mundial trabajó en varios centros científicos de Europa, obtuvo en 1927 un único gramo de esa misteriosa sustancia, extraída de la corteza suprarrenal (el órgano que regula el metabolismo) de diferentes animales.

Esa cantidad no era suficiente para poder describir la estructura de lo que más tarde denominó como "ácido hexurónico" (más conocido hoy día como ácido ascórbico o vitamina C).

El salto adelante en la investigación llegó durante un viaje a Estados Unidos, cuando consiguió extraer 35 gramos, gracias a que vivía cerca de una carnicería que le proporcionó suficiente corteza suprarrenal.

Como muchos otros grandes descubrimientos científicos, en el camino hacia la identificación de la vitamina C se combinaron la perseverancia del investigador con la suerte y lo anecdótico.

Una noche de otoño de 1932, un episodio doméstico cambió las investigaciones sobre la vitamina C, cuando la esposa de Szent-Györgyi preparó una cena con pimientos, cuyo sabor detestaba el científico.

"Szent-Györgyi escondió el pimiento en su bolsillo para no ofender a su mujer y bajó al laboratorio, donde empezó a analizarlo. Pocas horas después, sabía que este fruto es uno de los más ricos en ácido ascórbico", relata a Efe István Hannus, profesor emérito de Química Aplicada y Ambiental en la Universidad de Szeged.

El propio Szent-Györgyi comentó el caso más tarde diciendo que "la cobardía de un marido se convirtió en un descubrimiento científico de importancia".

Poco después, el científico húngaro y sus alumnos de la Universidad de Szeged, contaban ya con varios kilos de la vitamina, extraídos de los pimientos.

El alto contenido de vitamina C de esta hortaliza, un producto típico del sur de Hungría, tuvo también efectos económicos.

Una vez anunciadas sus propiedades medicinales, las exportaciones de pimientos se dispararon, recuerda Hannus.

Como en muchos casos de investigaciones paralelas, en 1932 se desató una discusión sobre quién fue el primero en publicar el descubrimiento, Szent-Görygi o el estadounidense Charles Glen King.

Sin embargo, el comité del Premio Nobel reconoció la primacía del húngaro y le otorgó en 1937 el premio de Medicina.

En lo que fue su laboratorio, en la escuela secundaria "Déri Miksa", se encuentra hoy el Museo Szent-Györgyi, donde se conserva una grabación de una entrevista que hicieron al científico después de haber recibido el galardón.

En 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, el convencido antifascista participó en Estambul en negociaciones secretas para romper la alianza de Hungría con la Alemania nazi, lo que le valió una orden de arresto por parte de las autoridades alemanas.

"Szent-Györgyi siempre estuvo muy orgulloso de que Hitler haya querido detenerle", asegura Hannus.

El científico acabó refugiándose en la Embajada sueca y tras el conflicto apoyó a la Unión Soviética, hasta que en 1947, decepcionado por el régimen comunista, decidió abandonar Hungría.

Szent-Györgyi se instaló en los Estados Unidos, donde se dedicó a investigaciones sobre el funcionamiento de los músculos y sobre el cáncer, hasta su muerte el 22 de octubre de 1986.



10 verdades sobre el dinero que nadie dice

Si pudieras darles un consejo a tus hijos sobre su futuro y el uso del dinero, ¿cuál sería? Este padre le dejó a su hijo los siguientes 10 tips que te enseñarán mucho a vos también.

Mi esposa y yo hace poco dimos la bienvenida al mundo a nuestro hijo. Es la experiencia más increíble que se pueda tener en la vida. El único interés del bebé en este momento es mantenernos despiertos todo el tiempo, pero llegará un día (falta mucho) en que necesitará aprender algo sobre economía. Así que estos consejos le doy para cuando llegue ese día:

  • 1. Tal vez quieras un auto caro, un reloj de lujo y una casa enorme, pero en realidad no deseas eso. Lo que quieres es el respeto y la admiración de los demás. Crees que teniendo esas cosas obtendrás eso, pero casi nunca es así, menos aún de quienes deseas que te respeten y admiren. Cuando veas a un hombre manejar un auto lujoso, probablemente no pensarás: “Uh, ese tipo es un triunfador”. Más bien pensarás esto: “Si yo tuviera un auto como ese, la gente pensaría que soy un triunfador”. ¿Entiendes la ironía? A nadie le interesa el sujeto que maneja el vehículo. Divertite y comprá algunas cosas bonitas, pero tené en cuenta que lo que las personas buscan realmente es respeto, y que éste se gana con humildad más que con vanidad.
  • 2. Es normal suponer que uno se gana los éxitos y los fracasos económicos. Casi siempre es así, pero solo hasta cierto punto, y ese punto es menos decisivo de lo que muchos creen. La vida de las personas es un reflejo de las experiencias que han tenido y de la gente con la que se han topado, sea por suerte, por accidente o por azar. Algunas personas nacen en familias que fomentan la educación; otras, en familias que la rechazan. Algunas nacen en economías florecientes que alientan el espíritu de empresa; otras nacen en la guerra y la miseria. Quiero que tengas éxito, y quiero que te lo ganes, pero pensá que éste no siempre es fruto del trabajo arduo, y que la pobreza no siempre se debe a la vagancia. Recordá esto cuando juzgues a las personas, incluido vos mismo.
  • 3. Esto quizá suene duro, pero espero que seas pobre en algún momento de tu vida. No quiero que pases apuros ni que sufras, por supuesto, pero no hay mejor forma de aprender el valor del dinero que no tenerlo. Así se aprende la diferencia entre lo que es necesario y lo que es deseable. Todo esto te obligará a ceñirte a un presupuesto. Aprenderás a disfrutar lo que tenés, a arreglar las cosas rotas o averiadas, y a aprovechar ofertas y rebajas. Éstas son habilidades de supervivencia básicas. Aprendé a ser pobre con dignidad, y de ese modo podrás afrontar mejor los inevitables altibajos económicos de la vida.
  • 4. Si sos como la mayoría de las personas, te pasarás buena parte de tu vida adulta pensando: “Cuando haya ahorrado/ganado $X, todo será como deseo”. Cuando tengas esos $X, cambiarás de objetivos y volverás al principio. Es un círculo vicioso que esclaviza. Ahorrá dinero y esforzate por salir adelante. Pero tené en cuenta que la capacidad de adaptarte a circunstancias nuevas es más poderosa de lo que pensás, y que tus objetivos no deben estar basados únicamente en el dinero.
  • 5. No te quedes en un trabajo que detestas solo porque elegiste una carrera sin mucha reflexión cuando tenías 18 años. A esa edad casi nadie sabe a qué quiere dedicarse. Muchos no saben lo que quieren hacer hasta que tienen el doble de esa edad.
  • 6. Cambiá de opinión cuando necesites hacerlo. He observado que hay muchas personas jóvenes que creen saber todo sobre inversiones. Comienzan a invertir a los 18 años y piensan que tendrán resuelto su futuro a los 19. Nunca es así. La confianza en uno mismo crece más rápidamente que la habilidad, sobre todo cuando se es un hombre joven. Aprendé a cambiar de parecer, a desechar las creencias viejas y reemplazarlas por verdades nuevas. Es difícil, pero necesario. No te sientas mal por ello. La capacidad de cambiar de opinión cuando te equivocaste es una señal de inteligencia.
  • 7. En lo que mejor podés invertir tu dinero es en el control de tu tiempo. Esto te da opciones y te libera para no tener que depender de las prioridades de otras personas. Algún día te darás cuenta de que esa libertad es una de las cosas que realmente te brindan más felicidad.
  • 8. El camino que lleva a la quiebra económica está pavimentado de deudas, y también de vendedores a comisión, pero sobre todo de deudas. Es impresionante la cantidad de problemas económicos que acarrean los préstamos. Una deuda es ceder una parte de tu futuro (al que no llegarás) a fin de obtener hoy algo a lo que te acostumbrarás rápidamente. Es probable que destines parte de esa deuda a una hipoteca. Me parece bien, pero ten cuidado. La mayoría de las deudas son como las drogas: producen un efecto rápido y placentero (y caro) que se disipa pronto, que puede atarte durante años y que limitará tus opciones cuando te sientas agobiado por los errores de tu pasado.
  • 9. El dinero que ahorres tendrá poco que ver con lo que ganes y mucho con lo que gastes. Conozco a un dentista que vive al día pagando cuentas, siempre al borde de la ruina económica, y conozco a otro que nunca ganó mucho dinero pero que ahorró una fortuna. La diferencia radica totalmente en la forma de gastar. La cantidad de cosas que hagas no determinará lo que llegues a ganar, y la cantidad de dinero que ganes no determinará tus necesidades. No te conviertas en un acaparador de dinero ni en un tacaño, y ten presente que aprender a vivir con menos es la manera más fácil y eficaz de lograr el control de tu futuro económico.
  • 10. No me hagas caso si no estás de acuerdo con lo que he escrito. Todos tenemos una forma diferente de pensar. El mundo en el que crecerás te ofrecerá oportunidades y valores distintos a los que tuve yo. Y lo más importante: aprenderás más cuando no estés de acuerdo con alguien y te veas obligado a aprender por tu cuenta (pero, por otro lado, escucha siempre a tu madre).




Ni payasos ni demonios: El mayor miedo de los estadounidenses en 2017 son los políticos

Halloween se acerca, pero al ciudadano no le preocupan las brujas, ni los vampiros, ni los payasos demoníacos. Por cuarto año, la Universidad de Chapman ha publicado una encuesta sobre las cosas que más miedo dan a los estadounidenses. Los resultados son tan inesperados como terroríficos.


La encuesta se ha hecho sobre una muestra de población de más demil individuos y las respuestas eran totalmente abiertas. La pregunta era “¿Qué es lo que te da más miedo y no te deja dormir por las noches?”. Este es el top 10, de menor a mayor.

  • 10.-La contaminación del aire (44,9 %)
  • 9.-Que Corea del Norte decida usar armas nucleares (47,5%)
  • 8.-El calentamiento global y el cambio climático (48%)
  • 7.-Que Estados Unidos se vea envuelto en otra guerra mundial (48,4%)
  • 6.-Los elevados costes de la atención médica (48,4%)
  • 5.-No tener suficiente dinero para el futuro (50,2%)
  • 4.-Que el agua que bebemos esté contaminada (50,4%)
  • 3.-La contaminación de los ríos, lagos y océanos (53,1%)
  • 2.-El nuevo acta de salud pública de Estados Unidos (55,3%)
  • 1.-La corrupción de funcionarios del Gobierno (74,5%)
La lista completa tiene algunos miedos menores más clásicos como las alturas (34%) o hablar en público (52%), pero estos 10 miedos son mucho más relevantes. Es una lista con la que cualquier persona de un país civilizado se puede resultar bastante identificada. Lo más interesante de ella probablemente es que todos los miedos de la población tienen el mismo origen: los políticos. Quizá es hora de replantearse completamente el sistema actual si realmente queremos vivir sin miedo.




13 cosas que tu perro sabe de ti

Tu perro sabe cosas privadas, cosas que ni tú sabes de ti. Han estado tanto tiempo cerca de los humanos que se han adaptado física y emocionalmente. 
  • 1. O eres una persona generosa, o no lo eres Hago juicios sobre ti en función de tus acciones. Investigadores de la Universidad de Milán, en Italia, hicieron a unos perros ver a algunas personas que compartían su comida con un mendigo, y a otras que le pedían al mendigo que se fuera. Luego, cuando las personas de ambos grupos llamaron a los perros al mismo tiempo, la gran mayoría de ellos corrió sin titubear hacia las personas generosas. 
  • 2. Cuando albergas sentimientos negativos hacia otras personas Puedo oír el cambio que se produce en el ritmo de tu respiración, ver cómo tu cuerpo se tensa ligeramente e incluso oler las sutiles feromonas que tu organismo despide. Así que si tus suegros, cuñados u otros parientes sospechan que no me caen bien (porque les ladro, gruño o intento no dejarlos entrar a la casa), la explicación más sencilla es que, en el fondo, no te agradan a ti. 
  •  3. Sé dónde has estado Ustedes los humanos son como esponjas: absorben los compuestos orgánicos volátiles de todo lo que tocan o pisan. Si, por ejemplo, acabas de ir al supermercado, olerás a los mostradores de carne y pescados, a las verduras que compraste y, tal vez, incluso a las personas que estaban junto a ti en el momento de pagar. Puedo oler aromas 100 millones de veces más sutiles que el olor más leve que seas capaz de distinguir. 
  • 4. Podrías tener cáncer A muchos de mis congéneres los están adiestrando para detectar diversos tipos de cáncer por el olor de ciertas sustancias que emiten las células cancerosas. En algunos estudios los perros han tenido una precisión de 88 por ciento en la detección de cáncer de mama, y de 99 por ciento en la de cáncer pulmonar. 
  • 5. Me doy cuenta de que estás por llegar a casa Me he aprendido tus horarios y sé aproximadamente cuándo esperar que estés de vuelta en casa todos los días. Además, aun cuando llegues a una hora poco común o imprevista, puedo distinguir el sonido específico de tu auto mientras te acercas por la calle, y siempre estoy atento a percibirlo. 
  • 6. Te peleaste con tu pareja Aunque no griten delante de mí, me doy cuenta por su tono de voz seco, el hecho de que casi no se hablan ni se miran, por la rigidez de su postura, la manera apresurada en que caminan y la brusquedad con que abren los cajones. A algunos perros nos duele el estómago cuando nuestros dueños discuten. 
  • 7. Sé cuando necesitas protección ¿No es cierto que duermo junto a tu cama en vez de hacerlo en la mía cuando tu pareja está fuera de la ciudad? ¿Acaso no me mantengo más cerca de tu pierna de lo normal cuando caminamos por alguna zona oscura? Puedo oler la adrenalina que segregas cuando tienes miedo, y también soy más vigilante cuando falta alguien en la casa. 
  • 8. Vas a hacer un viaje Odio que salgas de la ciudad, así que he aprendido a identificar las señales de que tu partida es inminente; por ejemplo, las maletas fuera del clóset o la forma en que acomodas y doblas tu ropa en la cama. Algunos de nosotros jadeamos y empezamos a temblar porque nuestra ansiedad se dispara. ¿Te dan remordimientos? Según un estudio, ponernos música clásica cuando estamos solos en casa nos ayuda a calmarnos. 
  • 9. Te derrites ante nuestra mirada de cachorro Los investigadores han descubierto que el cuerpo humano segrega oxitocina (la misma hormona que las personas liberan al mirar a sus bebés) cuando hacemos contacto visual contigo. De manera que hay una buena razón para que te miremos con amor cuando queremos algo: nos da resultado. 
  • 10. Soy capaz de captar tus intenciones Percibo señales casi imperceptibles de tu lenguaje corporal —como una mirada fulminante o la forma en que sujetas la correa— que me indican lo que estás planeando. En un estudio, los perros lograron identificar fácilmente la ubicación de comida oculta tan sólo con seguir la mirada de la persona que la escondió. 
  • 11. No te sientes bien A los canes se nos puede entrenar para distinguir todo por el olfato, desde una baja en el nivel de glucosa en la sangre hasta un acceso de migraña. A muchas personas epilépticas se les asignan perros que las alertan sobre un ataque antes de que ocurra. En un hospital de Hawai tienen perros adiestrados para identificar infecciones urinarias a través del olfato en pacientes paralíticos que no pueden informar sobre sus síntomas. 
  • 12. Tu bebé es frágil Sé que es un miembro de mi manada, y también que es el más vulnerable. Como tengo un fuerte instinto de protección de mi familia, puedo ser un guardián muy temible. Por eso gruño y ladro agresivamente cuando un extraño se acerca a la carriola de tu bebé, y por eso debes estar alerta cuando alguien está jugando con tu pequeño y yo estoy cerca de él. Si me equivoco y pienso que esa persona puede lastimar al niño, es posible que la ataque. 
  • 13. Me percato de tus aflicciones Soy un maestro en el arte de leer tu lenguaje corporal y estado anímico. Un estudio reveló que los perros podemos saber si un humano está triste con sólo leer sus expresiones faciales, ¡aunque sólo veamos una foto de medio rostro! También propendemos más a acercarnos a una persona que esté llorando que a otra que esté cantado o charlando, lo que demuestra mi empatía.




El curioso caso de la mujer que no sabía qué era el miedo

La paciente “X” tenía 40 años y tres hijos. Para ellos, su madre era una auténtica heroína. Había recogido con sus propias manos una serpiente, se peleó con una tarántula o incluso se enfrentó a un tipo que le puso un cuchillo en la garganta. X no sabía lo que era el miedo. Literalmente.

Ella también sufría la enfermedad de Urbach-Wiethe, un extraño trastorno genético que afecta a unos pocos cientos de personas en todo el mundo. Un síndrome tan peculiar e insólito, que durante décadas se ha tratado de encontrar la llave que lo origina.

De encontrarlo, estaríamos ante el elemento clave que nos hace sentir pavor, miedo o terror. El caso de X y ese pequeño grupo de personas en el planeta debía ser la llave que explique el origen del pánico humano.

Urbach-Wiethe y el miedo
Este trastorno genético recesivo y poco frecuente fue descrito por primera vez en 1929 por Erich Urbach y Camillo Wiethe, aunque lo cierto es que en 1908 ya existían casos registrados muy similares.

Los síntomas de la enfermedad varían mucho de un individuo a otro. Pueden incluir una voz ronca, lesiones y desgarros cutáneos, piel dañada por una mala cicatrización de las heridas, piel seca y arrugada o incluso pápulas alrededor de los párpados. Por suerte, la enfermedad no es mortal, y la mayoría de los pacientes no ven reducida su esperanza de vida.

En cuanto a los síntomas, claramente habría que dividirlos en dos: los neurológicos y los dermatológicos. Estos últimos son los más obvios y los comentábamos más arriba, pero lo realmente sorprendente es lo que ocurre a nivel neuronal.

Se calcula que el 50-75% de los casos diagnosticados de la enfermedad de Urbach-Wiethe muestran calcificación bilateral simétrica en los lóbulos temporales mediales. Es posible que te hayas quedado igual que antes de leerlo. Sin embargo, y aquí viene lo interesante, estas calcificaciones a veces afectan a la amígdala cerebral (núcleos de neuronas en la profundidad de los lóbulos temporales) y el giro periamigdaloideo.

La amígdala cerebral se cree desde hace tiempo que es la causante o está íntimamente implicada en estímulos biológicamente importantes y en la memoria emocional a largo plazo, concretamente las asociadas con el miedo.

Dicho de otra forma, se calcula que hay menos de 300 pacientes en el planeta con la enfermedad que no temen a nada. Y la paciente X debía encabezar un estudio pionero que nos mostrara de donde demonios nace el pánico.

La paciente X y las pruebas del miedo
Antes de que la paciente X pasara a formar parte del estudio, había tenido varias experiencias que le indicaban que ella no era como los demás. El detonante para acudir a un profesional ocurrió una noche, cuando acudía a casa caminando y un extraño la amenazó. El agresor se acercó a ella y le puso un cuchillo en la garganta. La mujer reaccionó desafiando fijamente al tipo, quién simplemente la dejó que siguiera su camino.

De vuelta a casa no se quitaba la escena de la cabeza. ¿Cómo había reaccionado así? ¿Por qué no gritó, tembló o pidió al agresor que la dejara suplicando?

Cuando acudió a una consulta le diagnosticaron el trastorno y le explicaron algunas claves que desconocía. La mujer supo entonces que la enfermedad destruye progresivamente la amígdala, la parte en forma de almendra del cerebro que los investigadores creen que es la llave del miedo. Lo curioso en el caso de X es que recordaba sentir cierto temor durante su infancia, antes de que la enfermedad progresara, más o menos a los 10 años. Desde entonces, no podía asustarse.

Las primeras investigaciones mostraron que su memoria visual no verbal estaba afectada significativamente, además, tenía un coeficiente intelectual en el rango promedio bajo. También mostró ciertos comportamientos sociales inapropiados con los investigadores.

Posteriormente, se encontró que era incapaz de reconocer las emociones en las expresiones faciales, y otro estudio mostró que el daño cerebral había eliminado su aversión a las pérdidas de dinero, es decir, a la toma de decisiones financieras arriesgadas que la mayoría de nosotros evitaríamos por el miedo a perder dinero.

Sin embargo, ninguno de los primeros estudios evaluó su experiencia con el miedo. Fue Justin Feinstein y sus colegas, de la Universidad de Iowa, quienes probaron las respuestas al miedo de la mujer. Lo hicieron usando un método muy simple: tratando de asustarla.


El sesquipedalismo no nos hace mas cultos

Era un tipo lleno de manías y difícil de soportar. Tenía por costumbre lavarse las manos, secarse en la toalla y volvérselas a lavar de nuevo. Hacía el amor con su novia de toda la vida (él no follaba, él era un romántico) usando preservativo a pesar de no existir riesgo de contraer ninguna enfermedad sexual y de tener certificada por varios médicos su esterilidad. Y bajaba semanalmente a la lavandería del barrio para lavar las sábanas, a pesar de haberlo hecho antes en la lavadora de su casa. Sus amigos y familia más cercana le habían aconsejado acudir a la consulta de un psicólogo. Sus manías compulsivas mejorarían, decían, con un tratamiento adecuado.

Harto de escucharles, decidió recurrir a un profesional. Hubiera bastado con un lugar donde un psicólogo le atendiera y prescribiera la terapia adecuada para liberarle de tanto acto innecesario, pero no. Él prefirió dar un rodeo y buscó antes una clínica donde le masajearon, le untaron el cuerpo con aceites y esencias, le enseñaron a meditar con un gurú hindú de largas barbas y cabellos blancos, y le dejaron la cuenta corriente más limpia que sus sábanas y manos. Cuando finalmente acudió a la consulta del psicólogo, la terapia no funcionó. No hay tratamiento que valga con alguien que no está enfermo. A nuestro protagonista lo que le sobraba, simplemente, era tiempo, mucho tiempo. Y mucho postureo (lo que es nada mas y nada menos que las ganas de aparentar).

Si lo que hace nuestro amigo nos parece innecesario, ¿por qué entonces no somos coherentes con ese criterio y nos empeñamos en usar vocablos que no aportan ningún significado diferente? La respuesta es sencilla: porque nos parecen más prestigiosos, más de gente culta y cosmopolita, que la palabra que ya existía en nuestro idioma para definir la misma realidad. Y todo por el hecho de que son más largas. Ya se sabe, burra grande ande o no ande. A esto de alargar palabras se le conoce con el pomposo nombre de sesquipedalismo. Vayan unos cuantos ejemplos.

Nos encanta decir que alguien recepciona algo. Este neologismo se está imponiendo en el lenguaje técnico, administrativo y deportivo, pero seamos sinceros. ¿Qué matiz diferente aporta a nuestro recibir? Exigimos a los demás que clarifiquen su postura ante ciertos asuntos, pero ¿acaso eso no es aclarar? Nos culpabilizamos por ciertas situaciones, pero ¿nuestro arrepentimiento es más grande y nuestra penitencia más redentora que si nos culpamos?

¿Por qué inicializar cosas si basta con iniciarlas? ¿O para qué insistir en aclarar cuál será nuestro posicionamiento ante una causa, si podemos decir cuál es nuestra posición?

Ya son ganas de gastar saliva y de trabajar.





El costo de cambiar a mi madre por un montón de apps

Me echan mucho en cara lo de ser un milenial. Dicen que soy egoísta, vago y que no sé valorar el dinero: que gasto alegremente como si creciera en los árboles. Al parecer, mis padres tienen la culpa porque me han consentido todos los caprichos. Ahora que acabo de independizarme y tengo que correr con la factura, empiezo a pensar que es verdad.

Con mi madre a cientos de kilómetros, la mayoría de las tareas engorrosas las delego en una app. Trabajo mucho y lo considero una inversión razonable: mi tiempo, al fin y al cabo, también vale dinero.

Harto de recibir acusaciones, me he puesto a hacer números. La comida que me llevo a la oficina la estoy pidiendo a Wetaca, la empresa de un exconcursante de MasterChef que te prepara platos ricos y sanos y te los manda a casa, envasados al vacío, una vez por semana. Luego solo tengo que ir distribuyendo los tuppers. Me sale por unos 130 euros al mes, más barato que comer de menú.

Los fines de semana, si estoy en casa, suelo tirar una o dos veces de Deliveroo o Glovo. Me pido unos sándwiches, una hamburguesa o una pizza, que me salen por entre 10 y 15 euros. Si no quiero gastar mucho, tiro de JustEat y pido al kebab o al chino, que son un poco más económicos. Digamos que me dejo unos 50 euros al mes.

Para cubrir los desayunos, las cenas y lo que resta del finde hago una compra cada quince días a través de Amazon Prime Now. Lo mínimo que me permite la app son 19 euros, pero suelo llegar a los 25 entre leche, cereales, zumos, cervezas, embutido, algún precocinado… También tengo que pagar 19,95 euros al año por la suscripción a Prime, pero es tan poco que ni voy a contemplarlo.

Para ir de casa al trabajo y viceversa, tiro de transporte compartido. Coche o moto, lo que mejor me venga en función de lo cerca que me pille un vehículo, el atasco que me vaya a encontrar y la previsión del tiempo. Lo miro todo antes de salir y decido si recurro a Car2Go, Emov, Muving o eCooltra. Vivo en Puerta de Toledo y trabajo en las Cuatro Torres, que están a unos 15 kilómetros. Me sale entre 6 y 10 euros ida y vuelta en función del servicio y lo que tarde en aparcar. Por redondear, 150 euros al mes.

Los fines de semana suelo salir por Lavapiés, La Latina o Malasaña. Para ahorrarme el lío de esperar un búho o buscar un taxi, vuelvo a mi casa en Uber o Cabify. Me cuesta entre 5 y 10 euros. Echando un vistazo a los trayectos de los últimos meses, descubro que he gastado una media de 50 euros.

La ropa y las sábanas me las lava Mr. Jeff. Las recogen en mi casa una vez por semana y me las devuelven impolutas. Me apaño con una bolsa de 5 kilos, que me sale por 13 euros. De plancharla se encarga la misma persona que viene a limpiarme la casa cada jueves, vía Clintu. Tres horas por 30 euros. Entre una cosa y otra, casi 175 euros al mes.

Ya solo falta incluir la cuota de Netflix (entre cuatro amigos, 3 euros cada uno), HBO (4 euros con un amigo; solo pueden conectarse dos dispositivos a la vez) y Spotify (10 euros). También tengo Amazon Prime Video, que va incluido en la suscripción anual, pero lo uso más bien poco porque el catálogo es bastante reducido.

Entre pitos y flautas, me he dejado más de 600 euros, la mitad de lo que cobro. Por eso dicen que soy vago y que no sé valorar el dinero. Mis padres añaden que no sé vivir solo. ¿Y si llevan razón? ¿Y si estoy viviendo por encima de mis posibilidades? Igual tengo que hacérmelo mirar…