miércoles, 27 de septiembre de 2017

¡Que raro todo esto!







Famosos actores en su juventud, y ahora

Clint Eastwood

Jeff Bridges

Mel Gibson

Michael Caine

Robert De Niro

Al Pacino

Versiones femeninas y muy sexies del payaso de "It"







En Halloween aumenta la creatividad para los disfraces







No importa la situación, lo importante es estar confortable







Humor deletreado







¿Por qué ya no usamos salvapantallas?

Tradicionalmente, los ordenadores con Windows incluían un salvapantallas que se activaba cuando estábamos un rato sin utilizar el ordenador. Sin darnos cuenta, finalmente dejamos de utilizarlos en nuestros ordenadores. ¿Por qué han ido desapareciendo?


Los salvapantallas existen prácticamente desde la invención de las pantallas. Particularmente, los principales beneficiados eran los monitores CRT de tubo, los cuales podían verse afectados por el “screen burn-in”, que hacía que, si una imagen estaba demasiado tiempo en la pantalla, esta se quedase “grabada” incluso aunque se apagara el monitor.

Por ello, los monitores de tubo eran especialmente malos para un ordenador, donde una imagen fija como la barra de tareas de Windows se estaba mostrando siempre. A largo plazo, los monitores y televisiones de tubo presentaban desgastes irregulares, con zonas que se desgastaban irregularmente debido al deterioro de los fósforos y que se iban tornando más oscuras. Con los salvapantallas, se eliminaba el problema al mover constante y uniformemente una animación.
Actualmente, los monitores LCD no sufren el efecto de screen burn-in, por lo que los salvapantallas ya no sirven para nada. Además, el salvapantallas gastaba más electricidad, no sólo por tener el monitor encendido cuando no lo usábamos, sino también por el gasto extra de tarjeta gráfica al estar renderizando un salvapantallas en 3D.

Además, otro factor que tienen los monitores LCD digitales actuales es que pueden detectar cuándo les llega o no señal del ordenador. Así, el sistema operativo puede mandarles la orden de que se apaguen, o los monitores a su vez pueden apagarse si no detectan la entrada de ninguna señal.

Si no fuera por esto último, quizá los salvapantallas sí que podrían haber llegado a tener un reflorecimiento con los paneles OLED. Estos paneles son también susceptibles al desgaste de sus píxeles orgánicos, pero un salvapantallas lo único que haría es acelerar ese desgaste. Además, ese es otro de los motivos de que todavía no tengamos monitores OLED, y no los vayamos a ver hasta dentro de muchos años.

Durante un tiempo estuve utilizando un programa llamado Monitor Off Utility, que me permitía apagar el monitor con un comando que tenía asociado a una tecla macro de mi teclado. Con sólo darle a un botón, las dos pantallas se apagan y se ponen en standby, a la vez que la gráfica elimina toda la carga de memoria y baja su consumo y temperatura.

Sin embargo, en un afán de ahorrarme la ejecución de un programa extra, me bajé NirCMD, que añade más funcionalidades a Símbolo del Sistema de Windows. Este programa permite, entre otras funciones, apagar el ordenador con un simple comando. Para ello, creé un .bat ejecutable con la línea “nircmd.exe monitor off”, y lo asocié a la tecla macro. Además de ser más rápido el apagado de las pantallas, me ahorro un icono en la barra de tareas.



¿Por qué el agua estropea los dispositivos electrónicos?

Todos sabemos que nunca debemos mojar un dispositivo electrónico, ya sea un móvil, una tablet, un ordenador, o cualquier cosa por la que fluya electricidad. A pesar de ello, no todo el mundo sabe exactamente qué es lo que hace que el agua, al entrar en contacto con un dispositivo electrónico, lo dañe y éste quede probablemente inservible. 

El agua no se lleva bien con los componentes electrónicos
El agua que tenemos a nuestro alcance contiene minerales y electrolitos (como la sal) disueltos. Mientras que el agua destilada es un muy mal conductor de la electricidad, en cuando se le añaden sustancias como sal o cloro, se convierte en un excelente conductor.
Los componentes electrónicos operan dentro de un rango determinado de electricidad. En el caso de que la corriente que pasa por un chip, una resistencia, o un condensador supere su rango de operación, lo más probable es que se rompa. Al romperse pueden pasar varias cosas: que salte una chispa, que se derrita, que explote, o que simplemente deje de funcionar.

El agua de por sí no hace daño en un punto concreto del circuito. Lo que sí hace daño es el puente que el agua ayuda a crear entre, por ejemplo, dos puntos de soldadura. Con esto, una parte que no debe recibir una determinada cantidad de electricidad, la recibe porque el agua está actuando como puente conductor entre ambos, lo cual suele resultar en un cortocircuito. A gran escala, derramando por ejemplo una botella de agua en una placa base, os podéis imaginar el estropicio que puede llegar a ocasionar haciendo cientos de conexiones que no deberían hacerse.

Este daño se produce cuando el dispositivo está encendido. Si lo apagamos con la mayor rapidez posible podemos reducir significativamente el daño. En el caso de que mojemos un dispositivo que está apagado, si éste se seca con rapidez (unas horas a lo sumo), el daño puede llegar a ser inexistente.

La corrosión: el enemigo a largo plazo de los componentes electrónicos
El problema de mojar un dispositivo a largo plazo es la corrosión que genera el agua (un metal, al oxidarse, puede romperse o perder capacidades, como ocurre con las señales de tráfico en zonas costeras), o los minerales que puede dejar al secarse. Por ello, si esperamos a que se seque, podemos darle con algún soplador a presión para eliminar restos de minerales que hayan podido quedar encima haciendo contactos indeseados. Si vas a encender un dispositivo que se ha mojado, asegúrate de que no queda ni rastro de agua o humedad.
Esta es la razón por la que siempre que estéis instalando componentes en una placa base, lo mejor es hacerlo con ésta colocada correctamente en la caja del PC y bien atornillada en su posición final, o sobre el propio envoltorio antiestático que incluye, ya que si por ejemplo la ponemos encima de una alfombra podemos cortocircuitar la placa.

Para hacer impermeables placas base o móviles existen geles o sprays hidrófugos, los cuales repelen el agua y también ayudan a proteger del óxido tus dispositivos. Esto podría mejorar la impermeabilización de los componentes de, por ejemplo, los móviles, pero también aumenta los costes de fabricación.




Esto podría revolucionar las fuentes de energía ¡y nosotros sin darnos cuenta!

Podría existir una potente fuente de energía renovable, y encima abundante. El problema es que no la habríamos reparado en ella. El agua que se evapora de lagos y ríos podría generar electricidad y satisfacer el 70% de las necesidades energéticas de Estados Unidos. Al menos, es lo que apunta un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia.


El proceso por el que el agua líquida pasa a gas podría suministrar hasta 325 gigavatios de electricidad al año, si se tienen en cuenta todos los embalses y ríos de EEUU -excluyendo los Grandes Lagos-. Eso equivale a dos tercios de la electricidad que se generó en el país en 2015. Habría hasta 15 Estados de los 47 estudiados en los que la oferta sería superior a la demanda.

Lo cierto es que casi la mitad de energía solar que llega a la superficie terrestre se encarga de la evaporación. Quizá habría que imaginar 'granjas de evaporación' que consistirían -al igual que los parques eólicos y solares-, en una tecnología que se colocaría encima de la superficie de agua. Los prototipos ideados pasan por máquinas que funcionan como un 'músculo'. Al albergar materiales como esporas bacterianas, que se contraen mientras se secan y se expanden con la humedad, se podría jugar con su funcionamiento.

Si se cierra la cavidad, se secan. Si se abre, se humedecen. De su contracción-extracción, se saca la energía.



"El libro de la vagina"

“Dejémoslo claro de entrada: las chicas sanas que han llegado a la pubertad manchan de flujo las bragas. Todos los días”.

¡Boooom! ¿Qué sorpresa se habrán llevado algunos al leer esto, verdad? Por lo visto, el flujo vaginal es una de las cosas más normales del universo, pero resulta que nosotros, como sociedad, hemos preferido pensar que no, que eso no era lo normal, que teníamos que inventarnos duchas vaginales, protegeslips perfumados con fresas o hasta un montón de palabras despectivas para referirnos al olor de nuestras secreciones. Pero es que “unos bajos saludables huelen. Simplemente es así […] Y en realidad no huele mal; tan solo es un olor intenso”.

De esta manera tan efectiva lo explican Ninca Brochmann y Ellen Stokken Dahl en uno de los primeros capítulos de El libro de la vagina. Un manual que, como su propio nombre desvela, pretende convertirse en la guía definitiva para conocer los genitales femeninos más allá de leyendas y desprecios, abordando además algunas problemáticas que han sido tabú hasta nuestros días, como las relacionadas con la masturbación, el aborto espontáneo, la endometriosis y un largo etcétera.

Brochmann y Stokken Dahl, a pesar de su juventud, llevaban mucho tiempo haciéndose preguntas sobre todas estas cuestiones y, como estudiantes de Medicina, decidieron ponerse a investigar. En 2015 abrieron un blog de divulgación, Underlivet (Partes bajas), con el que pretendían contar curiosidades sobre estos temas, algunas veces de manera más personal, otras veces tirando de jerga científica, y otras proponiendo consejos sobre qué tipo de preservativo puede sernos útil a cada una, cómo reconocer mediante el flujo si hemos enfermado, o incluso cómo actuar ante una regla dolorosa.

Según sus autoras, el blog también nació con la voluntad de poder crear un espacio de debate sobre aquello de lo que nadie estaba hablando. Para Brochmann y Stokken Dahl, por ejemplo, era una irresponsabilidad que los medios de comunicación siempre relegaran la salud sexual femenina a un plano secundario. O que la mayoría de la información al respecto sólo se pueda encontrar en páginas exclusivamente femeninas y bajo tratamientos demasiado naífs.

Así, el proyecto fue tomando fuerza y ganando seguidores, hasta convertirse en lo que hoy es un manual de más 400 páginas que ya cuenta con miles de lectoras de una veintena de países. Para algunas de estas lectoras el éxito de El libro de la vagina reside en el hecho de que sus autoras lo han escrito desde la cercanía, poniendo el foco en casos reales y en problemas que afectan a muchos tipos diferentes de mujeres. Desde las que son madres a las que no pueden, quieren o se plantean serlo; desde las que tienen una vida sexual más activa a las que sienten miedo y dolor al practicarlo; o desde las que se atreven a hablar abiertamente de sus zonas íntimas en público, hasta las que nunca se han mirado su propia vulva en un espejo.
Fue “la gurú de la masturbación”, la doctora Betty Dodson, quien explicó con sorpresa en un documental que ella había tenido pacientes que nunca habían llegado al orgasmo, porque también tenía pacientes que nunca habían examinado su sexo. Dodson estaba convencida de que nuestra cultura ha silenciado no sólo el placer de la mujer, sino también cualquier tipo de información sobre su cuerpo.

El curioso paso de cebra que es una ilusión óptica

A estas alturas, tras ver multitud de enigmas en las redes sociales de este tipo, no te cabrá ninguna duda de que el paso de cebra que ves en la imagen no flota como por arte de magia, sino que se trata de una ilusión óptica.


El original paso de peatones está ubicado en Islandia. El propósito no es precisamente hacer más divertidas las calles (cuestión que consigue, por cierto) sino reducir la velocidad de los vehículos en un tramo donde la mayoría suele excederse. 

La idea no es pionera de los islandeses, sino que ha sido importada de Ahmedabad (India), donde se instalaron cuatro pasos de cebra de este tipo con el mismo propósito. Según los datos de la ciudad india, no se han producido accidentes seis meses después de su instalación. Una medida divertida, estética, sencilla, barata y rápida.




Si el vino tiene gusto a quemado...podría haber habido un incendio cerca

Es una pena, pero si ha habido un incendio cerca de una viña, es mejor dar por perdida la producción de ese año. ¿Por qué? El humo afecta a los racimos de uvas y el vino que se produce con ellas acaba teniendo un cierto sabor a ceniza que, atención, solo se descubre una vez se ha elaborado: demasiado tarde como para reaccionar. Ahora los investigadores creen saber a qué se debe y cómo pueden ayudar a los enólogos.


Básicamente, cuando las uvas crecen cerca de un incendio, los aromas de humo acaban dentro de ellas, y no es que sean especialmente agradables. Las moléculas se juntan con el azúcar, haciéndolas más solubles al agua, y las disfrazan de nuestros sentidos, siendo prácticamente indetectables. Esto se debe a una enzima conocida como glucosiltransferasa. Esta no debería procesar las moléculas del aroma del humo de ninguna forma, pero lo hace, los investigadores de la Universidad Técnica de Munich, en Alemania, ahora saben a qué se debe.

Al parecer, la enzima está destinada a procesar un fenol natural conocido como resveratrol, que tiene propiedades que benefician a la salud. El caso es que su composición es similar a las moléculas del aroma ahumado y por lo tanto, las trata de la misma forma. Como están “disfrazadas” con el azúcar no se pueden detectar antes de procesarlas. Pero cuando se agrega la levadura a las uvas para fermentarlas y hacer el vino es cuando surge el problema, porque se separan por un lado el azúcar y por otro el aroma. Por lo tanto, hasta que no se llega a este punto no es posible descubrir el problema.

La solución, según los expertos, pasaría ahora por reducir la enzima glucosiltransferasa en los próximos cultivos o incluso añadir otro segundo tipo de glucosa que permita que no se lleguen a exponer los aromas a quemado en el proceso de fermentado. Algo en lo que ya están trabajando.



La importancia de una correcta ortografía.

Es cierto: atrás quedaron aquellos días de salas repletas de secretarias transcriptoras e inmensos escritorios cubiertos de diccionarios.


Hoy en día realizamos gran parte de nuestro trabajo tecleando a toda velocidad en nuestros pequeños dispositivos, con la presión de responder cada vez más rápido los chats y correos.

Evidentemente, eso incrementa la posibilidad de cometer errores o, peor aún, que el sistema de autocorrección coloque una palabra equivocada, lo cual nos ha pasado a todos.

Hay páginas web y publicaciones online repletas de estos errores, así como líderes mundiales que algunas veces no hacen una pausa antes de enviar sus mensajes.

¿Quién puede olvidar el infame tuit del presidente Trump con la palabra "covfefe"?

Y si bien estos errores pueden parecer algunas veces graciosos o inofensivos, muchos no lo son.

Estos pequeños errores no solo tienen el poder de hacernos ver menos inteligentes de lo que somos: una mala escritura también puede crear confusión, poca claridad y falta de coherencia.

En casos extremos puede provocar la pérdida de millones de dólares en ventas o de una oportunidad de trabajo.

Estas fallas tienen el potencial de destruir las relaciones con los clientes o arruinar la posibilidad de encontrar el amor en internet.

Pero, si nadie es inmune a esto y la tecnología hace que la falta de ortografía sea un lugar común, ¿puede decirse que la ortografía dejó de ser importante?

¿Ya nos acostumbramos a escribir mal?
Parte del problema

Las herramientas de autocorrección parecían ser la solución, pero en realidad, también han creado un problema.

Así lo advierte Anne Trubek, experta en nuevas tecnologías para la escritura.

Una extensa comparación de los errores cometidos por estudiantes universitarios en sus ensayos dejó ver que el error más común era el uso de palabras equivocadas.

"La corrección automática de ortografía, como la mayoría sabe, algunas veces corrige nuestros errores sustituyendo la palabra que queríamos originalmente por otra de distinto significado. Si el texto no es revisado posteriormente, el error creado por la computadora pasará desapercibido", explica Trubek.

Nuevas tecnologías como Siri, de Apple, también contribuyen con la crecienteapatía hacia la buena ortografía.

"Si miras el desarrollo de la tecnología, el objetivo siempre ha sido escribir más rápido para poder sincronizarse con el ritmo de las ideas en tu mente", dice Trubek.

"En este sentido, Siri es la mejor".